Peruanos de La Oraya condenados a envenenamiento por plomo

En la Oroya, pequeño pueblo de Perú con unos 45 000 habitantes y conocida como el centro metalúrgico más importante de ese país, su población es mayoritariamente pobre y al igual que millones de personas espera ver atendidas sus demandas sociales algún día.

Situada a 3 750 metros de altura, los habitantes de La Oroya sufren a diario los riesgos de la ausencia de servicios básicos de salud, en tanto beben agua insalubre y andan descalzos por las calles sin pavimento.

A estas pésimas condiciones se añade el peligro que representa para la vida la contaminación originada por las emanaciones de plomo de una fundición estadounidense asentada en el lugar.

El gobierno peruano, según los residentes de La Oroya, no presta suficiente atención a las demandas populares, y no exige a la transnacional norteamericana la toma de medidas, tal como hace el gobierno de Washington a esa firma en Missouri, donde también posee negocios.

Expertos indican que la contaminación en La Oroya surgió antes de que la empresa Doe Run, cuya sede se ubica en St. Louis, Estados Unidos, comprara la planta hace siete años.

Sin embargo, con toda razón quienes viven a pocos metros de la fundición piden responsabilidad a su actual propietario, quien a su vez culpa a los dueños que le precedieron. El asunto, grave, queda en tierra de nadie.

La fundición produce plomo, cobre y zinc hasta llegar a casi una decena de metales y, al recibirla, el dueño norteamericano se comprometió a modernizarla y a reducir las emisiones contaminantes.
Pero de los 174 millones de dólares que Doe Run aseguró que destinaría a la limpieza ambiental, sólo ha invertido alrededor de 33 millones, según el presidente de asuntos ambientales de la compañía en el país andino, Josè Mogrovejo.

El nivel de contaminación es tan alto en la zona que casi el 99 % de los niños sufrían de envenenamiento por plomo en la sangre en 1999, de acuerdo con un estudio realizado por el Ministerio de Salud.

En julio del 2002 el grupo Uniendo manos contra la pobreza realizó otra investigación y comprobó que la situación se mantenía.

Otros estudios determinaron que hace dos años los niveles promedio de plomo en la sangre de los habitantes de La Oroya eran 2,5 veces superiores a los límites máximos permitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS)

De acuerdo con la Asociación Interamericana para la Defensa del Medio Ambiente , con sede en California, los niveles de cadmio, arsénico y dióxido de azufre también sobrepasan los niveles permisibles.

Entre los múltiples trastornos que ocasiona el envenenamiento por plomo los especialistas citan la disminución de la inteligencia, retraso en el desarrollo motor, deterioro de la memoria y problemas de audición y equilibrio.

La situación se agrava cuando la intoxicación no es atendida, como ocurre en La Oroya, según denuncias actuales de la población.

Pero a diferencia de lo que sucede en La Oroya, donde Doe Run desconoce los reclamos populares, en su fundición en Herculaneum, Missouri debió destinar grandes recursos para reparar el daño ecológico presionada por las autoridades ambientales.

Estudios realizados hace dos años por el Departamento de Salud de Missouri demostraron que el 24 % de los niños menores de seis años que viven en Herculaneum poseen altos niveles de plomo, lo que llevó a declarar emergencia de salud pública en el territorio.

El gobierno federal estadounidense determinó que 100 residencias fueran reubicadas, en tanto la compañía implementó un plan emergente para reducir las emisiones de plomo, por un valor multimillonario, según fuentes de la Doe Run.

Observadores estiman que mientras no haya una política ambiental en Perú que obligue a la trasnacional norteamericana a proteger la salud de los habitantes de La Oroya, el dinero que debía gastar en esa localidad lo utilizará en mejorar la calidad de vida solo de los afectados en Estados Unidos por esa misma causa.

Fuente: www.radiorebelde.com.cu (Cuba)
Abril 30, 2004