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COLOMBIA:
Áreas protegidas en la mira del glifosato
BOGOTA, (Tierramérica) - La fumigación con el herbicida
glifosato de áreas de Colombia protegidas por su biodiversidad,
en el marco de acciones conjuntas con Estados Unidos para erradicar el
cultivo de drogas ilegales, es duramente criticada por su peligrosidad
para el ambiente y las comunidades que habitan esos territorios.
El amplio espectro del glifosato lo hace especialmente muy inadecuado
para su uso en áreas donde se busca preservar especies.
El Congreso de Estados Unidos aprobó en diciembre el uso de fondos
para fumigar cultivos ilícitos en parques naturales (áreas
protegidas) de Colombia, y a fines de febrero la Policía Nacional
colombiana informó a los medios de comunicación sobre el
inicio de las aspersiones con glifosato en la Sierra Nevada de Santa
Marta, al norte, y Chiribiquete, al sudeste.
Esas regiones forman parte de las 49 áreas protegidas que suman
10 millones de hectáreas, casi 10 por ciento del territorio de
Colombia, el segundo país en biodiversidad después de Brasil.
El gobierno colombiano dio vía libre al apoyo estadounidense
para la fumigación en áreas protegidas al aprobar la resolución
0013 del Consejo Nacional de Estupefacientes, que fija la política
para la erradicación de cultivos de drogas ilícitas, explicó a
Tierramérica Ricardo Vargas, de Acción Andina, organización
no gubernamental que investiga el narcotráfico en los países
de la subregión.
En esa resolución se autorizó la aplicación en áreas
protegidas del Programa de Erradicación de Cultivos con glifosato ”teniendo
en cuenta que existe evidencia de cultivos ilícitos al interior
de esas zonas, lo que atenta contra su conservación y sostenimiento”,
dijo Vargas.
Las fumigaciones, en opinión del experto, son parte de la visión
represiva que maneja el gobierno en su lucha contra el narcotráfico,
con programas apoyados y financiados por Estados Unidos que no han sido
exitosos.
Según Vargas, desde 1978 Colombia realiza acciones de fumigación
aérea de cultivos ilícitos de marihuana, amapola y coca,
en las que se han ensayado y utilizado varios productos químicos,
como el paraquat en 1978, el triclopyr en 1985, el tebuthiuron en 1986,
y de manera permanente el glifosato desde 1986.
Para el senador Jorge Robledo, del izquierdista Movimiento Obrero Independiente,
la fumigación de parques naturales es un escalón más
de la política agresiva de que ha sido objeto el territorio colombiano
por parte de la política antidrogas de Estados Unidos.
Robledo citó a la ministra de Medio Ambiente, Sandra Suárez,
para que informe el 30 de este mes a una comisión del Congreso
sobre la posición del gobierno en el tema, y dijo a Tierramérica
que ”a ningún colombiano interesado en los temas ambientales,
ni a ningún demócrata se le escapa la gravedad de una decisión
de ese tipo”.
En medio de la polémica, el gobierno de Uribe anunció en
febrero que solicitó a la Comisión Interamericana para
el Control del Abuso de Drogas (CICAD) realizar una ”evaluación
independiente e imparcial” sobre el impacto en el ambiente y la
salud humana de las fumigaciones con glifosato.
El objetivo del estudio de la CICAD, que depende de la Organización
de Estados Americanos, será ”dar respuestas sustentadas
a la política de erradicación de cultivos ejecutada por
Colombia”, explicó el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Los cálculos del gobierno indican que hay de 10.000 a 15.000
hectáreas de coca sembradas en los parques naturales, que forman
parte de más de 100.000 hectáreas de esos cultivos en todo
el país. No hay cifras sobre marihuana y amapola.
Además de los nocivos efectos que tendría para la biodiversidad
la fumigación con glifosato en áreas protegidas, está también
el problema socioeconómico que afrontan cerca de 800.000 indígenas
y campesinos que habitan esas zonas, apuntó Robledo.
”Son familias arrinconadas por la falta de opciones, que tienen
que cultivar lo prohibido, soportando el riesgo de la ilegalidad, y se
pretende fumigarlas como si fuesen insectos”, señaló el
congresista, quien destacó que las principales ganancias del narcotráfico
se dan por la venta en países consumidores industrializados.
Según Robledo, la decisión de fumigar los parques naturales
es además ilegal, ya que viola el Plan de Manejo Ambiental del
Ministerio del Medio Ambiente, que prohibe expresamente la realización
de ese tipo de actividades en áreas protegidas.
La decisión viola también varios tratados internacionales,
como el Convenio de Biodiversidad ratificado por Colombia en 1994, el
Convenio 162 de la Organización Internacional del Trabajo, que
protege la integridad de los pueblos indígenas, y otros relacionados
con la preservación de bosques y humedales, enumeró.
Para Camilo González, ex ministro de Salud y director de la organización
no gubernamental (ONG) Indepaz, es cierto que el uso de químicos
para procesar coca es extremadamente dañino para los ecosistemas,
pero eso no puede aceptarse como argumento para presentar las fumigaciones
como una medida de protección de los parques naturales.
Indepaz y la ONG Mama Coca convocaron para el 24 de este mes a un foro
en el que se prevé debatir con expertos la cuestión del
uso de glifosato en áreas protegidas.
El glifosato ha estado en el centro de la polémica en los últimos
años, porque es la sustancia activa del producto Roundup, de la
transnacional Monsanto, que ha desarrollado especies vegetales transgénicas
resistentes a ese herbicida para vender ambas cosas en gran escala.
Yadira Ferrer
Fuente: Tierramérica
Abril 01, 2004
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