Consumir sin destruir

Según el “Informe sobre la situación mundial 2004” del Worldwatch Institute, el consumo, que se ha convertido en algo natural para un cuarto de la población mundial, amenaza de muerte a los recursos del planeta.

El informe del Worldwatch Institute se centra este año principalmente en los efectos devastadores del consumo desmedido de bienes, y sus posibles consecuencias para los recursos naturales de nuestro planeta. Alemania se encuentra entre aquellos países altamente industrializados de Europa y América del Norte cuya cuota de consumo privado llega a un 60 por ciento del total mundial. En estas regiones se gasta en helados casi diez veces más del dinero necesario para poder vacunar a todos y cada uno de los niños de este mundo.

El vicio de querer siempre más


El aumento constante de la 'clase consumidora" en China e India también constituye un peligro para nuestros recursos, que son limitados. Pero todas las apelaciones a ponerle coto al consumo global excesivo son sólo creíbles si cada uno de los habitantes del planeta ejercita la moderación al consumir.
" No es novedad que nuestro estilo de vida no puede generalizarse", dijo Reinhard Loske, político de los Verdes que presentó en Berlín el Informe del Worldwatch Institute sobre el estado del consumo global. "El consumo tiene un carácter casi religioso en los países capitalistas", dijo Loske. Tal es así que, en tiempos de estancamiento económico, el consumo es declarado como 'deber nacional' para movilizar el crecimiento económico.

Enorme desigualdad

La coalición Roji-Verde del Gobierno Alemán no tiene pelos en la lengua al tratar el tema. En la versión alemana del "Informe sobre la situación mundial 2004" el Worldwatch Institute enfoca los diferentes comportamientos consumistas en el mundo y sus consecuencias negativas para la sociedad y el medio ambiente. La economía del consumo masivo, en la que prima el ‘siempre más y siempre más barato’ es uno de los más importantes factores responsables de la ruina ecológica el planeta, declaró Ralf Fücks, de la Fundación Heinrich Böll.

A todo esto, salta a la vista la gran desigualdad en las posibilidades de consumo de los seres humanos. Mientras 1, 7 millones de personas pueden consumir, 2,8 millones deben luchar por su subsistencia contando con menos de dos dólares por día. En EEUU, un cinco por ciento de la población mundial utiliza cerca de un cuarto de las energías fósiles del mundo, es decir, carbón, petróleo y gas. "Si China gastase petróleo del mismo modo, necesitaría 90 millones de barriles por día", compara Gary Gardner del Worldwatch Institute. "La producción total mundial fue en 2001 de 79 millones de barriles".

Cuando suficiente es suficiente

Según Gardner, el Siglo 21 traerá consigo nuevas naciones consumidoras, como China e India. En Asia circularán 200 millones de autos, lo cual representa casi el doble del parque automotor actual en los EEUU. El Instituto da consejos sobre cómo evitar, o, por lo menos, suavizar las consecuencias devastadoras de la ‘revolución consumista’. Entre las propuestas se destaca la reforma impositiva ecológica. Además, sería necesario despachar leyes sobre empaquetado y establecer un claro compromiso en la introducción al mercado de productos de alta calidad y larga vida. En el futuro se debería resaltar el bienestar personal en lugar de la riqueza. Todos deberíamos preguntarnos: "¿Cuáles son mis necesidades reales, y cuándo tengo suficiente?"

La responsabilidad de la clase política

Reinhard Loske anunció propuestas de los Verdes sobre el desarrollo de la reforma del impuesto ecológico para mitades de este año. Entre otras cosas, se planea favorecer la compra de automóviles que no dañen el medio ambiente por medio de una reducción atractiva de impuestos. Loske exigió además introducir el Impuesto al Valor Agregado en los pasajes aéreos en territorio europeo, y, al mismo tiempo, reducir a la mitad dicho impuesto en los pasajes de ferrocarril de larga distancia. Los Verdes también quieren imponer una obligación de retorno de productos electrónicos. Está claro que los políticos no pueden imponerle al ciudadano un estilo de vida determinado, aclaró Loske, pero sí están en condiciones de estimular comportamientos de consumo sensatos creando las condiciones necesarias para los mismos.

Fuente: http://www.dw-world.de/
Abril 28, 2004