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UNA INICIATIVA PRIVADA QUE PONE FIN A LA DEFORESTACION
Cocinas
solares para un pueblito de la Puna salteña
Con el fondo nevado del volcán Quewar (de 6.200 metros) reconocido
santuario de los incas, Gerónima Camargo le busca la vuelta al
aparato que tiene enfrente: la flamante cocina solar que una empresa
holandesa regaló a 43 familias collas de Santa Rosa de los Pastos
Grandes, ubicada a 3.800 metros de altura, y distante 240 kilómetros
al oeste de la capital salteña.
"Mi changuito sabe leer. El me va a enseñar cómo
funciona esto", dice doña Gerónima, una de las 284
personas que vive en este inhóspito paraje de la Puna.
El prototipo de la cocina solar —que provoca un efecto de lupa
expuesta al Sol—, se desarrolló en Cerrillos, Salta, y compitió entre
700 proyectos comunitarios que presentaron en Holanda los empleados de
las 35 filiales que tiene en el mundo la firma DSM, que elabora levadura
para pan y que ahora cumple 100 años.
De los 700 proyectos que compitieron sólo 14 fueron elegidos.
La cocina solar argentina fue uno de los más destacados.
La cocina solar viene a solucionar la falta de leña que los habitantes
del lugar soportan desde hace ya más de una década. "Ya
no conseguimos tola, añagua y chacha", dice el enfermero
Hilario Morales, al referirse a los pequeños arbustos que usaban
como leña. La deforestación está limitada a unos
20 kilómetros a la redonda del pueblo, pero ahora este proceso
se detendrá.
"La cocina solar alcanza aquí unos 280ø de temperatura.
Y se la ha desarrollado para que la rejilla soporte cualquier tipo de
recipiente. Viene con una olla a presión que permite obtener una
cocción de los alimentos sin perder temperatura", explica
el ingeniero Ricardo Jakúlica, uno de los responsables del proyecto.
Los trabajos realizados por los ingenieros Gloria Marengo, Luis Ayala
y Lucas Rodríguez demandaron varios viajes a la zona, donde la
radiación solar es muy fuerte y casi nunca llueve.
"Siempre que haya sol, la cocina se puede usar desde las 9 de la
mañana hasta las 17.30. La altitud y latitud se gradúa
con una barra telescópica (que está ligada a la parrilla
que sostiene el recipiente), y de esta forma se busca el foco que para
este caso es el centro de la olla que está pintada de negro",
explica Jakúlica.
Esta realidad nació en los años 80, cuando por una tormenta
de nieve se quedaron en Pastos Grandes el sacerdote Antonio Mallea y
el ingeniero Gustavo Guijarro, quien pensó en la energía
solar.
Hoy, un changuito, David Flores, de 7 años, cuenta: "Ya
le dije a mi mamá que ese coso (señala la barra telescópica),
se lo mueve de aquí para allá. El otro coso (la parrilla
que sostiene la olla), queda así, con la luz del Sol.".
En Santa Rosa de los Pastos Grandes, días atrás, hubo
fiesta. El cura Mallea evocó en el colegio los días en
que hace 30 grados bajo cero. El aroma del asado inundaba todo. Pero,
esta vez, no salía de un horno de barro.
Jesús Rodríguez -
salta@clarin.com
Fuente: Clarín (Argentina)
Abril 12, 2004 |