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Transporte, política y ambiente
Hemos leído las entusiastas manifestaciones del Presidente y el
jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires referidas a la zona del
aeroparque.
En una primera lectura de quiénes son los protagonistas, el altisonante
anuncio se percibe como una manifestación de reconciliación
de los estamentos oficiales con un grupo con el que se registraban reclamos
recíprocos, cuestionado hasta hace poco, a la par del grupo Socma,
pero que hoy, por el contrario, sería parte de un proyecto conjunto
con el Gobierno.
Debe suponerse que el complejo anunciado mejorará las condiciones
de funcionamiento del Aeroparque, cuya ubicación es altamente
discutida y discutible, por importantes razones ambientales ya ampliamente
divulgadas. El doctor Aníbal Ibarra tomó, en su oportunidad,
decidido partido por el traslado.
Suponemos también que la inversión debería resultar
favorable para el consorcio concesionario, que cuenta, además,
con la participación accionaría de un grupo constructor.
Es lógico: los empresarios no suelen hacer inversiones en proyectos
no redituables.
Cabe preguntar: ¿es también bueno para la ciudad el nuevo
esquema aéreo-vial-ferroviario que se está proponiendo?
Intentaré analizar la información disponible punto por
punto.
Crecimiento del Aeroparque. Sin duda, extirpar construcciones aledañas
mejoraría la seguridad del Aeroparque, pero entendemos, no obstante,
que nuevas obras podrían provocar el crecimiento de la cantidad
y/o el porte de los aviones, con su consecuente secuela de empeoramiento
de la polución acústica y atmosférica y eventual
peligrosidad para las zonas vecinas.
Vía ferroviaria. El cambio de nivel de la circulación vial
provocará una beneficiosa agilización del transporte ferroviario
entre las estaciones Aristóbulo del Valle y Retiro, del ferrocarril
Belgrano Norte, que no tendrá barreras a nivel y cuyos trenes
atravesarán más velozmente la Capital, sin obstrucción
de circulación y disminuyendo el peligro.
Túneles bajo pista. Es evidente que ellos mejorarán las
conexiones de la ciudad con la Costanera. No tanto por el cruce directo
del Aeroparque, sino por el paso bajo las vías del ferrocarril,
que eliminará las barreras.
Si bien estas trincheras o túneles cruzarán terrenos de
relleno -por lo cual estarán enclavados, prácticamente,
dentro del agua-, son de tecnología costosa, pero factible, si
bien altamente vulnerables a las filtraciones de no estar extremadamente
bien construidos.
Por otro lado, debemos considerar que si bien hay otros en varios lugares
del mundo, hay cierta contraindicación referida a los túneles
bajo pista de aterrizaje. Nuestro Aeroparque tuvo ya el ejemplo de una
bomba colocada bajo el túnel que configura el entubamiento de
un arroyo. Pero, obviamente, un túnel es más vigilable
que un río subterráneo, y los cruces previstos se dan fuera
del área critica de las pistas.
Desde el punto de vista del paisaje, un túnel entre el parque
3 de Febrero y la Costanera provocaría una importante discontinuidad
en el placentero recorrido. Tomando como referencia los pasos bajo nivel
existentes (Avenida del Libertador, en Belgrano; avenida Santa Fe, en
Palermo), no puedo dejar de recordar la lentitud con que se desarrollaron
estas obras y los posteriores anegamientos y contratiempos ocasionados
por los automóviles imposibilitados de continuar su marcha.
Carácter de la decisión. Algunos funcionarios del Gobierno
de la Ciudad consultados manifestaron, en su momento, haberse enterado
por los diarios de la decisión adoptada.
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Entendemos que una operación de cirugía mayor en la ciudad
tal como la referida requeriría la divulgación de sus pormenores
y la convocatoria a una audiencia pública previa a su anuncio.
Cierto es el escepticismo de algunos sobre estas audiencias, porque no
son vinculantes, pero sí fáciles de manipular por sectores
interesados, por lo que convendría perfeccionar su mecanismo.
No obstante, es una ocasión de divulgación y acceso a la
participación del ciudadano común que, después de
haber votado a sus representantes, no tiene otra oportunidad de ser escuchado.
Camiones sobre la Costanera. Es una decisión acertada su erradicación
del bellísimo paseo costanero. Complican el tránsito, contaminan
visualmente el paisaje y degradan la atmósfera con sus efluentes
gaseosos.
Tránsito. Para no entrar en consideraciones de técnica
vial que no son el objeto de esta nota, entendemos que este tipo de soluciones
conlleva agudizaciones o traslados de los problemas de tránsito
existentes. La filosofía oficial sobre el tema del transporte
no se encuentra, en la práctica, en el mejor camino. Las mejoras
en el tránsito de los últimos años se deben casi
exclusivamente a la recesión, que lo redujo, y no a medidas activas.
Debemos asumir que el aliento al ingreso y/o egreso de más automóviles
en la ciudad no es la vía acertada. Por el contrario: el mejoramiento
del transporte público y el aliento a transportes de menor tamaño
y menos contaminantes (vehículos eléctricos, bicicletas,
veredas deslizantes, etcétera) correspondería a una concepción
más eficiente y actualizada.
En Buenos Aires se advierte que quien usa vehículos eléctricos
es la policía, que juntamente con las ambulancias y camiones de
bomberos, debería ser precisamente la única a la que se
debiera admitir el uso de motores de combustión, por su mayor
respuesta y velocidad.
No existen medidas impositivas ni subsidios al diseño o producción
de vehículos alternativos y se persiste en el círculo vicioso
de alentar la residencia lejos de las fuentes de trabajo -en countries
y barrios cerrados- y el desarrollo de las consecuentes obras viales
que hagan posible el uso de este error conceptual de planificación.
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En la década del 50, el arquitecto y urbanista británico
Denis Lasdun dijo: " El automóvil es un vehículo tan
emblemáticamente burgués que en cuanto lo tienen todos
no le sirve a nadie". Profética manifestación que
planificadores, políticos y especialistas parecen no haber comprendido.
A pesar de que empresas diseñadoras de la movilidad de los aeropuertos
han ido investigando progresivamente instrumentos alternativos, que son
moneda corriente en las estaciones aéreas más actualizadas.
A estas experiencias se debería prestar atención para una
planificación de la ciudad y del trasporte. No obstante, el equilibrar
con un tramo de autopista el egreso de la ciudad resulta un gesto sensato,
aunque nos da la impresión de que el espacio existente es exiguo
para contener pista de aterrizaje más vías de ferrocarril
más autopista.
Paisaje y memoria ciudadana. No deja de llamar la atención que
en todos los proyectos no se hayan tomado en cuenta los antecedentes
históricos y conceptuales para los que fuera creado el paseo.
La Costanera Norte, como la Sur tuvo originalmente más propósitos
recreativos que circulatorios.
Las grandes piletas, hoy precintadas o cambiadas de destino, eran balnearios
de acceso público y el Aeroparque, como el nombre lo indica, fue
diseñado como un parque. Sólo aterrizarían algunos
pequeños aviones sobre una pista de pasto, con una connotación
paisajística evidente. En la década del 40, ver los aviones
era divertido para la mayoría de la gente, que nunca había
podido viajar en ellos.
Algunos puntos del plan propuesto están encaminados en el sentido
de la preservación de los conceptos primigenios del proyecto,
pero otros confluyen exactamente en la dirección contraria.
Consideraciones económicas: Mantener el aeroparque metropolitano
configuraría un beneficio económico para la Ciudad.
En este estado de la cuestión, el ciudadano común se pregunta
cuál es el núcleo de la negociación, que hace que
una empresa protagonista de un importante conflicto económico
con el Estado se asocie súbitamente a un emprendimiento nacional
y municipal que contraría no sólo los antecedentes técnicos
sino los contractuales y cuál sería la participación
económica del consorcio (si es que la hay) y cuál la que
deberemos afrontar los contribuyentes.
Una negociación entre Estado y privados no tiene nada de malo.
Por el contrario, es definitivamente mejor que una confrontación,
en la que todos salen perdiendo. Pero la que de ninguna manera debería
perder es la ciudad.
Pero también, pensando ya no sólo en los intereses de la
ciudad, nos preguntamos: ¿está contemplada la situación
del pasajero del interior que, para viajar al exterior, tendrá que
hacer un cambio de un aeródromo a otro, en Buenos Aires, sin que
exista un vehículo rápido que una a ambos?
No creemos que sea importante que en su momento los defensores de la
actual propuesta hayan sostenido posiciones distintas de las actuales.
Una coyuntura diferente, tal vez una negociación de oportunidad,
pueden cambiar el panorama con hechos nuevos y con soluciones técnicas
alternativas (crisis es oportunidad) que podría convenir no desperdiciar.
No obstante, sería absolutamente necesaria, para lograr resultados
que beneficien a toda la comunidad, una más detallada exposición
de los antecedentes y una apertura a la opinión de los especialistas
internos y externos en cada rubro componente de esta importante intervención
que, de concretarse, prácticamente consolidaría la subsistencia
del aeroparque metropolitano.
Por Carlos E. Libedinsky - El autor es profesor titular
de la Maestría
de Diseño Avanzado
(FADU, UBA).
Fuente: La Nación (Argentina)
Abril 26, 2004
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