| ¿Holocausto
anfibio?
Anfibios en peligro de extinción
Desde Panamá hasta Peñalara, desde Sudáfrica hasta
el Reino Unido, un hongo ha diezmado en 20 años todas las familias
de anfibios. Sólo algunas zonas de Asia parecen librarse de la
plaga.
"No sabemos si estamos a tiempo, pero sabemos que si no hacemos
nada, es probable que perdamos centenares de especies. Y luego vendrán
otras" dijo Simon N. Stuart, Portavoz de Conservation International. “Ante
nuestros ojos está ocurriendo un fenómeno sin precedentes,
algo único y terrible”, explica Ignacio de la Riva, científico
del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Los datos de la Unión Internacional para la Conservación
de la Naturaleza revelan un panorama asombroso. Un tercio (el 32%) de
las 5,743 especies conocidas de anfibios están amenazadas. Para
hacerse una idea, el 12% de las aves y el 23% de los mamíferos
están amenazados.
Un total de 165 especies de anfibios se han extinguido
desde 1980 o al menos no ha habido rastro de ellas. El 43% de las
especies están
perdiendo ejemplares. Un holocausto anfibio. En 10 años, el número
de especies en peligro se ha multiplicado por 10.
Desde que a mediados de los noventa los científicos notaron
un ligero descenso de las poblaciones, hasta ahora, los expertos no
dejan de sorprenderse. Primero tardaron en notar la decadencia. Después
pensaron que podía ser el cambio climático; en 1993 descubrieron
un grupo de ranas muertas de forma extraña, y sólo en
1998 atribuyeron la causa de la extinción al hongo.
“El Batrachochytrium dendrobatidis es la causa de la extinción.
El hongo ataca la piel de los anfibios, se la agujerea y muy pocas especies
sobreviven. Vive en el agua dulce”, explica Stuart, responsable
de la organización conservacionista Conservation International.
“Pero aparte, del hongo sabemos poco”, añade. Stuart
coordinó en 2004 la primera estimación mundial sobre las
poblaciones de anfibios en la prestigiosa revista Science.
Todavía es un misterio de dónde salió el hongo.
Todavía es un misterio cómo se propaga. “Un estudio
de 2004 atribuyó la expansión del hongo a la rana Xenopus
laevis", explica De la Riva, que ha organizado expediciones a Suramérica
para estudiar el fenómeno.
El nombre de Xenopus laevis no dice nada. El nombre
de la rana de uñas
o rana africana, tampoco. Y sin embargo es muy famosa: durante décadas
se utilizó con dudosa fiabilidad para predecir si la mujer estaba
embarazada. La prueba consistía en inyectar una muestra de orina
de mujer bajo la piel de una rana. Si la mujer estaba embarazada, las
hormonas de su orina harían desovar a la rana en pocas horas.
La técnica, desarrollada en Suráfrica en los años
treinta, tuvo gran éxito en todo el mundo. Ejemplares de esta
rana comenzaron a viajar por laboratorios del mundo entero y los científicos
empezaron a utilizarla para todo tipo de pruebas.
De la Riva explica que hay motivos para sospechar
de la rana y de la prueba del embarazo. En primer lugar: la rana sobrevive
al hongo. Después,
los científicos buscaron en colecciones antiguas por todos los
museos para ver cuánto tiempo llevaba circulando el hongo. Y
los primeros ejemplares infectados han aparecido en colecciones de Suráfrica
de los años treinta, en la época y la zona en que surgió la
prueba de la rana.
¿Por qué, si el hongo se extendió en los años
treinta, no se ha visto la extinción hasta ahora?
“Ése es el problema”, replica Stuart. “No
sabemos bien por qué, aunque hay que matizar. Ahora estamos viendo
un declive que comenzó hace más de 20 años. No
sabemos cómo se ha extendido tanto”.
Lo cierto es que el hongo vive en el agua dulce
y hay múltiples
teorías sobre si lo transmiten las personas o los animales en
sus viajes o algunos ejemplares de anfibios sanos.
Sea como sea, el hongo pasó de África a Norteamérica
y de allí a Sudamérica. En 1997 aparecieron centenares
de ejemplares de sapo partero muertos en Peñalara (Madrid). En
1999 se vio que la causa era el hongo y que éste es el primer
punto de entrada en Europa.
¿Y por qué no antes? “Porque puede que el cambio
climático haga más vulnerables a estas especies y más
letal al hongo, y por eso ahora se han disparado las extinciones”,
añade Stuart.
Hasta hace poco, este tipo de hongos, llamados
quítridos, sólo
se conocían como parásitos de plantas, algas e invertebrados.
Los científicos no descartan que el hongo siempre haya estado
en contacto con los anfibios y que, sólo recientemente, las poblaciones
se encuentren inmunodeprimidas y, por tanto, sean más sensibles
al patógeno.
Puede que la desaparición de las ranas parezca un asunto menor.
Mucha gente lleva sin ver ranas bastantes años y no le afecta.
Aparentemente. Como resume Stuart, “la desaparición de
los anfibios muestra la enfermedad del ecosistema y su fragilidad”.
Además, el declive masivo de los anfibios puede tener muchas
otras implicaciones. Los insectos pueden verse favorecidos o el hueco
de las ranas lo pueden ocupar otros grupos.
Fuente: El País
Agosto 2006 |