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En las décadas de 1980 y 1990 se encontraron seis puntas de flechas
y arpones incrustadas en la grasa de ballenas cazadas en Alaska. Los investigadores
compararon las características de estas puntas con colecciones de
museos, y determinaron que las mismas debieron haber sido disparadas por
esquimales entre 100 y 130 años antes, dando a las ballenas que
las portaban al menos un siglo de edad.
El conteo de las láminas del tapón de cera del oído
de las ballenas también permite calcular la edad. Así, se
ha estimado que las ballenas azules llegan a vivir hasta 110 años,
y las ballenas fin hasta 114 años.
En el caso de las ballenas francas, hay algunas evidencias aisladas de
individuos longevos. Un ejemplo notorio proviene de la población
del Atlántico Norte. En 1935 una ballena franca hembra fue fotografiada
mientras cazadores mataban a su cría en las costas de Florida. Sesenta
años más tarde, en 1995, la misma ballena fue fotografiada
por última vez en Georges Bank. Asumiendo una edad media a la primera
parición de 10 años para las ballenas de esta población,
los investigadores estimaron que la edad de esta hembra en 1995 (60 años
más tarde de ser fotografiada con una cría) era de al menos
70 años.
Las ballenas francas de Península Valdés comenzaron a ser
identificadas con sus crías por nuestros investigadores en 1970.
Algunas de las primeras ballenas fotografiadas continúan visitando
la península. Dado que la edad mínima a la primera parición
en esta población es de 7 años, aquéllas primeras
ballenas fotografiadas con crías que siguen llegando a Valdés
en la actualidad tienen al menos 40 años.
Cuando el Programa Ballena Franca Austral cumpla sus 100 años
continuos, podremos determinar con mayor precisión la longevidad
de las ballenas francas de Patagonia. ¡Esperamos contar con tu apoyo
durante las próximas décadas para alcanzar este objetivo!
Mariano Sironi - Instituto de Conservación
de Ballenas
Fuente: Instituto de Conservación de Ballenas (ICB)
Julio 11, 2003
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