Glenn Murcutt, el poeta de la naturaleza

-Una entrevista exclusiva de La Nación con el ganador del Pritzker 2002.

ROMA.- "Un shock." Esto sintió el arquitecto australiano Glenn Murcutt, cuando se enteró de que había ganado el Pritzker 2002. Considerado algo así como el Premio Nobel de la arquitectura, este prestigioso galardón le fue entregado el 29 de mayo último en esta capital, en una ceremonia que tuvo lugar en el bellísimo Capitolio.

Murcutt, un eco-arquitecto de 66 años que vive en un rancho de la costa este de New South Wales, en su amada Australia, rodeado por 80 canguros, contó a LA NACION que ni siquiera sabía que estaba entre los candidatos a recibir el premio: "Fue realmente un shock cuando me llamaron por teléfono para avisarme", aseguró. En una entrevista con LA NACION antes de recibir el galardón, Murcutt habló de todo un poco e hizo gala del típico sense of humour anglosajón.

-¿Qué significó para usted ganarlo?

-Es el premio más prestigioso en el campo de la arquitectura, y es extremadamente importante. Pero como yo tuve algunas dificultades en Australia, que es un país muy conservador, y tuve grandes problemas con las autoridades, el Pritzker en cierto sentido fue como un contrapeso a todos los procesos judiciales que tuve en el tribunal contra autoridades locales... De mi municipalidad, que en el pasado me dio grandes dolores de cabeza, este último mes me expresaron sus felicitaciones, y se manifestaron orgullosos de tenerme allíÉ Hablando en serio, este premio también significa que me estoy uniendo al grupo de ganadores anteriores, personas por las cuales desde hace muchísimo tiempo siento un profundo respeto y muchos de ellos se convirtieron en mis amigos.

-¿Cómo es su relación con el paisaje y la naturaleza, que parecen ser elementos muy fuertes en su trabajo?

-Crecí en una familia en la que, en 1946, podía observar a mi padre que trataba de difundir las plantas autóctonas de Australia, mientras la mayoría de la sociedad trataba de difundir las exóticas plantas europeas. Era algo muy extravagante ver a mi padre que tomaba las semillas locales y las metía en el horno o en agua hirviendo. El hacía todo esto porque Australia estuvo durante miles de años habitada por los aborígenes y, de repente, con la llegada de los europeos, toda la flora fue destruida. Mi padre iba a esas zonas dañadas que se habían vuelto desérticas, sin plantas, y volvía a sembrar las plantas autóctonas. Así, muy tempranamente, aprendí el respeto por la tierra, por la ecología, por la naturaleza, pero no fue hasta 1987 que el profesor Ensbur de la Universidad de Pensilvania, de la Facultad de Fine Arts, vino a Australia, vio mis trabajos y dijo: "Esta es la primera vez que veo un trabajo de arquitectura que tiene relación con el paisaje y la naturaleza". Y me pidió que trabajara como profesor.

Decidí que para mí era muy importante entender a los aborígenes y su paisaje, algo que reforzó mi amor por el paisaje nativo de Australia, que por un lado es extremadamente poderoso, y por otro es extremadamante delicado, como bien señala un dicho aborigen que dice: "La tierra tiene que ser tocada con extrema ligereza". Por lo tanto, el paisaje no puede ser visto como un elemento en sí mismo, sino en relación con toda la ecología.

-En una entrevista con este suplemento, después de su conferencia en el Centro de Arquitectura Contemporánea (CEAC) de la Universidad Di Tella en Buenos Aires, usted mencionó una casa en una zona boscosa de Australia. Poco después hubo una terrible serie de incendios en esa región. ¿Cómo se comportó esa casa, diseñada para minimizar los efectos del fuego?

-Si uno trabaja en Australia tiene que estar preparado para enfrentarse a ciclones, incendios, sequías, inundaciones. El país tiene el mismo tamaño que los Estados Unidos, pero con 19 millones de habitantes, y no es nada fácil llegar rápidamente a los lugares remotos, por lo que hay que tratar de poder prever y manejar los incendios. Fue en 1973 que, por primera vez, me di cuenta de que era posible crear el sistema de inundación de agua, que sumerge e inunda todo el edificio y sus alrededores (unos 30 metros), reciclando el agua que sale del techo, para poder combatir y apagar un incendio. Por lo tanto, toda la zona de la casa y sus alrededores fueron prácticamente empapados de agua, y gracias a esto se ha salvado.

Uno tiene que darse cuenta de que construir un edificio en zonas remotas de Australia significa, por ejemplo, no tener un sistema hídrico, o eléctrico (que, si existe, puede ser destruido por el fuego), por lo que el sistema de inundación debe ser un sistema completamente autónomo e independiente, aislado de los sistemas urbanos.

La casa a la que usted se refiere fue golpeada por incendios; una parte efectivamente se quemó, pero el volumen de agua utilizado (unos 90.000 litros) no sólo permitió que esta casa sobreviviera, sino también fue reutilizado por los bomberos para apagar los incendios que habían afectado a otros tres edificios adyacentes.

Por Elisabetta Piqué
Corresponsal en Italia

Campo V. ciudad

"Las editoriales adoran las diferencias y publican más mis obras en el campo que mis obras urbanas. Pero yo considero estas últimas absolutamente adecuadas y espero que esta conjunción entre el aspecto poético y racional salte a la vista.
"Lo interesante para mí fue darme cuenta de que hizo falta mi trabajo en el campo para entender mejor mi trabajo en los centros urbanos. Me hizo falta el campo para entender el viento, la lluvia, la humedad, los perfumes, el frío, el calor, todos aquellos factores que son absolutamente esenciales en un edificio que no tiene aire condicionado. Factores que utilicé en los centros urbanos."

Tiempo, ese elemento simple pero tan esencial.

Para hacer arquitectura auténtica

En cuanto a la globalización, Murcutt se muestra convencido de que "está, y me temo que está para quedarse. El potencial es enorme, tanto negativo como positivo. Por un lado nos estamos transformando en un mundo único, algo muy importante, pero también enfrentamos nuevos peligros, porque se puede desarrollar una nueva forma de imperialismo, donde el poder económico comienza a sumergir las verdaderas identidades de los lugares y de las personas".

También por eso, para Murcutt, el gran problema es que "para poder hacer una buena arquitectura, auténtica, hace falta tiempo. Hoy en mucha arquitectura falta justamente este simple ingrediente, el tiempo, que es un elemento esencial, y no es raro ver mucha arquitectura pastiche. Yo trabajo solamente en Australia. Hace muchos años tomé esta decisión. Tampoco tengo un staff; de vez en cuando colaboro con otros arquitectos o ingenieros, pero trabajo solo. Igual estoy insertado en el mundo de la globalización porque enseño en muchas escuelas de Finlandia y de los Estados Unidos. Y en los cursos que dicto destaco esos principios que tienen que ver con el respeto de los lugares donde se crean las obras.

"Para mí es extremadamente importante saber que antes que nada está el trabajo. No me interesa la maquinaria publicitaria. Si las personas tienen un interés suficiente en mí, de vez en cuando puedo colaborarÉ Hoy tengo una lista de espera nada menos que de cuatro años. Tengo clientes dispuestos a esperar detrás de la puerta hasta que yo tenga 70 años para que empiece a trabajar para ellos. Por lo tanto, yo puedo trabajar en Australia tranquilamente, con los ritmos con los que me gusta trabajar, y del modo en que me gusta trabajar."

Fuente: Diario La Nación
Por Elisabetta Piqué
19, Junio 2002