Fuente: La Nación | Octubre 24, 2010 Recomendar esta nota Recomendar

Marina Silva, la alternativa verde en el futuro de Brasil

Carismática y contradictoria, la líder ecologista fue este mes la gran revelación de las elecciones presidenciales, en las que obtuvo 20 millones de votos, un respaldo que intentará capitalizar durante los próximos cuatro años para ser otra vez opción de poder en 2014

César González-Calero

Veo una ola verde más allá de lo que nos muestra la televisión". Profética, Marina Silva (Río Branco, 1958) ya vislumbraba días antes de las elecciones brasileñas que su discurso ecologista, la "tercera vía", como ella misma lo denomina, ganaba adeptos día a día. ¿Habría tenido otra experiencia mística, como aquella vez en que sintió que una "bendición divina" le había curado una grave enfermedad? ¿O era más bien la información "terrenal" de las últimas encuestas la que le insuflaba tanto optimismo? Sea como fuere, la profecía de esta fervorosa creyente de raza negra se cumplió: el evangelio verde de Marina persuadió a veinte millones de "fieles" y forzó una segunda vuelta electoral en Brasil.

Desde la plataforma del Partido Verde, al que se afilió hace un año, Marina se presentó ante la sociedad brasileña como la opción renovadora del país. Ahora ha tomado impulso y piensa ya en 2014. "A partir de este momento voy a trabajar tanto en el partido como en la sociedad civil", declaró esta semana. Consciente de que los veinte millones de votos son, en buena medida, fruto de su cosecha personal, no piensa desaprovechar ese capital político. El ejemplo a seguir es el propio Luiz Inácio Lula da Silva. El mandatario se marcha con un 80% de popularidad. Pero el ex sindicalista necesitó varios intentos para alcanzar la presidencia. Marina se mira en ese espejo y piensa a mediano y largo plazo, sin dejarse arrastrar por una efímera popularidad electoral.

Apeada Silva de la carrera hacia la presidencia por la oficialista Dilma Rousseff y el socialdemócrata José Serra, su mensaje ecologista se ha convertido, sin embargo, en la gran atracción política de cara a la nueva cita electoral del día 31. Uno de cada cinco electores la votó hace tres semanas y su programa ambientalista está ahora más vivo que nunca. Rousseff y Serra han retomado su discurso y hablan ya del "desarrollo sostenible" que necesita el país.

Tras la decisión del Partido Verde de otorgar libertad de voto a sus seguidores, algunos dirigentes de la formación política no han vacilado, sin embargo, en mostrar sus preferencias políticas esta misma semana, tanto a favor de Rousseff como de Serra. Hace unos días, Marina tuvo que restarle importancia a esos apoyos: "Cada integrante del partido tiene su posición individual (ante la segunda vuelta)".

Ni la flemática candidata del Partido de los Trabajadores (PT) ni el lánguido ex gobernador de Sao Paulo tienen el carisma de Silva, ni su habilidad para hilvanar un discurso llano pero alejado de frivolidades. Sólo Lula podría darle clases a la dirigente verde de cómo ganarse el favor de la gente.

"Marina tiene un claro perfil de estadista; ella se ha alineado con el pensamiento científico de punta y representa lo más moderno que hay hoy en Brasil", asegura el cineasta Fernando Meirelles, el director de Ciudad de Dios . Como Meirelles, otros "famosos" han mostrado públicamente su apoyo a Marina. Gilberto Gil, ex ministro de Cultura de Lula, se ha pasado a su causa verde y Caetano Veloso, uno de sus más ardientes defensores, también ha resaltado la "modernidad política" que abandera Silva.

Pero no todo son halagos para la ex ministra de Medio Ambiente de Lula. El propio mandatario se quejó en su momento del "ruido" que armó la ecologista cuando abandonó el gobierno en 2008 por sus discrepancias con Rousseff. Durante los cinco años al frente de la política ambiental, Marina demostró sus dotes de gestora eficiente y también su fuerte personalidad. Logró reducir a la mitad el ritmo de deforestación en la Amazonia, desmanteló 1500 empresas ilegales y encarceló a cientos de infractores. Pero chocó con el pragmatismo de Rousseff y de otros miembros del gabinete de Lula. La política de licencias de infraestructuras en la Amazonia defendida a capa y espada por Dilma obligaron a Marina, defensora a ultranza del modelo de desarrollo sostenible, a dejar el gobierno y a buscar una alternativa política.

Pero, ¿cuál es el ideario político de la gran revelación electoral de Brasil? Miriam Leitão, analista de O Globo , lo resume apelando al sarcasmo: "Marina siempre defendió la biodiversidad, y acabó teniendo un elector con mucha diversidad: una especie de mosaico en el que no faltan ambientalistas, descontentos del PT, jóvenes, evangélicos y la clase media". Una amalgama de votantes que dibujan el perfil político de Silva, no exento de contradicciones, pues en el mismo capacho ideológico caben tanto el pensamiento progresista de los jóvenes profesionales urbanos como las consignas fundamentalistas de las sectas evangélicas. Su propia personalidad es también un enigma. Marina a veces proyecta una imagen distante y fría y en otras ocasiones se muestra como una dirigente sociable, humana.

La "modernidad política" de Silva de la que habla Caetano Veloso poco tiene que ver con la cosmovisión añeja de la vida que promueven las influyentes iglesias evangélicas en Brasil. Pero Marina, tan hábil para hermanar corrientes sociales como el propio Lula, ha sabido pescar votos en caladeros ideológicos muy dispares. Veinte millones de brasileños respaldaron esa "tercera vía", tan heterogénea como la misma sociedad brasileña. Y Marina lloró de alegría en la noche electoral. Había llegado la hora de celebrar y olvidar los momentos amargos de una vida que ha sido lo menos parecido a un camino de rosas.

De analfabeta a senadora

Maltratada por las enfermedades desde muy pequeña, María Osmarina Silva se crió en una familia de humildes seringueiros (recolectores de caucho) en el estado amazónico de Acre. El padre de Marina, Pedro Augusto Silva, tuvo que hacer maravillas para atender a su extensa prole de once hijos. A Marina la salvó de una temprana leishmaniasis pero otros tres vástagos fallecieron por la deficiente asistencia sanitaria del país.

Analfabeta hasta los 16 años, cuando decidió dejar el campo y emprender una nueva vida en la ciudad, Marina defiende ahora con ahínco una revolución educativa en un país donde todavía hay 30 millones de iletrados. De su tío Pedro Mendes, que convivió con varias tribus indígenas, aprendió todas las leyendas de la selva, la mejor herencia que pudo haber recibido quien luego sería la gran defensora del Amazonas, azote de las insaciables compañías madereras. Pero entre las historias de chamanes indígenas se colaban también los pasajes de la Biblia que le leía su abuela Julia y que alimentarían la vocación religiosa de la joven Marina. "Aprendí a hablar haciendo mis oraciones con mi abuela", recordó Marina en cierta ocasión. Su fe le sirvió también, según ella, para sobreponerse a cinco accesos de malaria.

Hoy, la senadora Silva no puede viajar sin llevar una Biblia en el equipaje. Gracias a esa devoción religiosa, cosechó un buen número de votos en las elecciones del 3 de octubre. En la recta final de la campaña, la polémica del aborto entró en escena. Los líderes evangélicos y un sector de la iglesia católica reprobaron la ambigüedad de Rousseff sobre una posible despenalización de la interrupción del embarazo. Y Marina capitalizó parte de ese descontento.

Tan grande llegó a ser la pasión religiosa de Silva que al dejar el campo y llegar a Río Branco -la capital de Acre-, lo primero que hizo fue internarse en un convento, aunque las letras y la política fueron alejando su pretensión inicial de hacerse monja. De analfabeta integral, la joven Marina pasó en poco tiempo a estudiar la carrera de Historia. En esos años, mediados de los 70, con Brasil todavía en manos de la dictadura militar, Marina entró en contacto con el activista Chico Mendes y se interesó por los derechos de los trabajadores y por la teología de la liberación.

"Cuando Marina entró en la universidad, todo el mundo era marxista, y ella fue identificada como demasiado religiosa; había ese prejuicio entonces", recuerda Marilia de Camargo, autora de la biografía de Silva, La vida por una causa , un éxito de ventas desde el gran resultado electoral de la candidata verde.

La creciente implicación de Marina en el movimiento sindicalista de Mendes arruinó su primer matrimonio, con Raimundo Souza, con quien tuvo dos hijos. A pesar del retorno de la democracia en 1985, la impunidad seguía campando por sus respetos en el Brasil profundo y activistas como Mendes, que luchaban a pecho descubierto por los derechos de los trabajadores, estaban en la mira de los sicarios de los terratenientes. Mendes moriría asesinado en 1988.

Fue en 1985 cuando los destinos de Marina y de Lula se cruzaron. Ese año, la ecologista se afilió al Partido de los Trabajadores de Lula. Comenzaba así una fulgurante carrera política que la llevaría a convertirse en 1994 en la senadora más joven de Brasil, con tan sólo 36 años.

Pero las enfermedades se ceban con Marina. Después de haber superado cinco brotes de malaria y tres hepatitis, los tratamientos de mercurio para curar esas enfermedades le dejaron una salud quebradiza. Y Marina, casada ya con su esposo actual, Fábio Vaz de Lima, con quien tendría otras dos hijas, se aferró al otro pilar de su existencia: volvió a retomar la fe como antídoto para superar sus dolencias. Pero cambió el catolicismo por el culto evangélico. De sus encuentros con pastores de la Iglesia de la Asamblea de Dios en 1997 surgirían las "experiencias místicas" que, según sus palabras, la ayudaron a sobreponerse físicamente.

Años más tarde, en 2003, la humilde hija de seringueiros hizo historia al entrar como ministra de Medio Ambiente en el gobierno de Lula. En aquel entonces no olvidó sus orígenes y las enseñanzas del tío Pedro entraron en acción: la selva y los indígenas tuvieron en ella a su mejor defensora. Como la tuvieron en esta campaña los votantes más religiosos, porque tampoco olvidó Marina las lecturas de la Biblia con la abuela Julia. Pero si el objetivo a largo plazo es apostar por la presidencia en 2014, el mayor desafío, seguramente, estará en conquistar también la confianza de otros sectores del electorado, en un país tan multifacético, complejo y diverso como Brasil.

© LA NACION

Quién es

Nombre y apellido: Marina Silva

Edad: 52

De analfabeta a senadora: Hija de seringueiros (recolectores de caucho), Marina Silva fue analfabeta hasta los 16 años, cuando abandonó el campo y se instaló en la ciudad. Veinte años más tarde, se convirtió en la senadora más joven de Brasil.

La dirigente de moda: Fue la gran revelación en las elecciones del 3 de octubre, cuando logró cerca del 20% de los votos. La candidata ecologista ha dejado libertad de voto a sus seguidores para la segunda vuelta y ya piensa en las elecciones de 2014.