Fuente: iguazunoticias.com | Julio 04, 2011 Recomendar esta nota Recomendar
El río Amazonas: un futuro incierto

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El río Amazonas: un futuro incierto

Sudamérica. El Amazonas tiene la mayor selva del mundo con un gran valor ecológico para todo el planeta, siendo definida como el pulmón de la tierra. Su biomasa es capaz de absorber inmensas cantidades de dióxido de carbono, esto es vital para el clima mundial. La deforestación es uno de los grandes peligros que acecha al Amazonas.

La conservación de la selva amazónica se ha convertido en un tema de extrema urgencia en todas las reuniones mundiales sobre la conservación de la Tierra.

El Amazonas es el río más caudaloso y largo del mundo, con más de 6.800 km. Su cuenca hidrográfica también es la mayor del planeta. Nace en las faldas del monte Nevado del Mismi, en Arequipa (Perú) a unos 5170 metros de altitud.

Recorre Perú, Colombia y Brasil. Sin embargo su cuenca abarca nueve países: Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Guayana francesa y Surinam. Su cuenca de drenaje es de 7.050.000 km2, que supone casi el 40% de América del Sur.

El primer europeo, que navegó por el Amazonas, fue Américo Vespucio en el año 1499. Posteriormente Vicente Yánez Pinzón y Diego de Lope exploraron las islas que forman su gran estuario.

El primer descenso del Amazonas desde la cordillera de los Andes fue realizado por Francisco de Orellana en el año 1541. El primer ascenso fue en el año 1638 por parte del portugués Pedro Teixeira, quién siguió la ruta de Orellana y alcanzó Quito a través del río Napo.

Su volumen de agua dulce es enorme, teniendo un promedio anual de 230.000 m3/s, pero en épocas lluviosas alcanza hasta los 300.000 m3/s. El Amazonas vierte la quinta parte de toda el agua dulce de los ríos del planeta en el océano Atlántico. Es tal el caudal de agua que vierte en el océano que durante cientos de kilómetros mar adentro el agua sigue siendo dulce. La salinidad del océano Atlántico es notablemente inferior en un radio de varios miles de km alrededor de la desembocadura del Amazonas.

La pluviselva amazónica se caracteriza por sus casi constantes lluvias convectivas. El gran caudal de agua que el Sol evapora desde la superficie de la cuenca del Amazonas asciende a gran altitud, precisamente por las corrientes térmicas, hasta que, al llegar a zonas altas de la atmósfera, más frías, se condensa en gotas y éstas casi inmediatamente se transforman, sobre la misma cuenca, en copiosas lluvias, lo cual forma un ciclo natural de retroalimentación hídrica.

Las lluvias estacionales provocan grandes inundaciones a lo largo de su cauce y la de sus afluentes. La profundidad media en épocas lluviosas es de 40 metros y su anchura media es de 40 km. Está época de lluvias comienza en noviembre y llega hasta junio.

Algunos de sus afluentes se rigen por su propio sistema climático, así en el río Negro, su estación de lluvias no comienza hasta finales de febrero o inicios de marzo. En el río Madeira también su época de lluvias comienza dos meses más tarde que en el río Amazonas.

El sistema fluvial del Amazonas tiene más de mil afluentes importantes, veinticinco de los cuales superan los mil kilómetros de longitud. La red fluvial supone más de 100.000 km de ríos que conforman la cuenca amazónica de la que depende la existencia de la selva. El 50% de las precipitaciones en esta región se producen a causa de este sistema forestal.

La mayoría de los pobladores de la región amazónica se concentran en la riberas del Amazonas: Iquitos, Leticia, Manaus y Belem do Pará, que al mismo tiempo son puertos y tienen una gran actividad económica. La mayoría de sus pobladores son colonos y sus descendientes de origen blanco, mestizos e indígenas.

Las principales actividades económicas que se dan en la cuenca son; la exportación de caucho y madera en cantidades ingentes, que están provocando una gran deforestación y que si no se termina con ella, tendrá consecuencias medioambientales irreversibles en todo el planeta.

Se construyó la carretera transamazónica que discurre un poco al sur del río, casi de forma paralela. Tiene un recorrido de más de 5.000 km, y que ha provocado grandes destrozos.

La pesca también es una actividad muy importante. La agricultura exporta fundamentalmente la yuca, el plátano, el maíz y frutas típicas de la región.

El Amazonas tiene la mayor selva del mundo con un gran valor ecológico para todo el planeta, siendo definida como el pulmón de la tierra. Su biomasa es capaz de absorber inmensas cantidades de dióxido de carbono, esto es vital para el clima mundial. La conservación de la selva amazónica se ha convertido en un tema de extrema urgencia en todas las reuniones mundiales sobre la conservación de la Tierra.

Es extraordinaria la biodiversidad de la selva amazónica en cuanto a la fauna. Una quinta parte de las aves del mundo se encuentran en ella, existen más de dos millones de especies de insectos y unas dos mil especies de aves y mamíferos. Nos encontramos desde los insectos más pequeños hasta los grandes mamíferos como el jaguar, el puma… Hay así mismo todo tipo de reptiles, tortugas, caimanes… El mayor mamífero del río Amazonas es el manatí, con apariencia de hipopótamo flotante, que llega a pesar unos 500 kg. Destaca también el delfín rosado amazónico. Posee el mayor pez de agua dulce del mundo el pirarucú, que alcanza los cuatro metros de longitud y los 200 kg.

En la selva amazónica existen más de 4.000 especies de mariposas, más de 3.000 clases de peces de agua dulce. Bajo su gran frondosidad conviven diferentes hábitats y la mayor diversidad genérica del mundo animal. La riqueza biológica se explica porque durante millones de años el ecosistema amazónico ha permanecido inalterado.

La deforestación es uno de los grandes peligros que acecha al Amazonas. Está amenazado por actividades como la explotación maderera, la construcción de carreteras por la que se sacan todas sus riquezas, los incendios y por la roturación de la selva para la ganadería extensiva y la agricultura de tipo industrial, principalmente para el cultivo de la soja destinada para los biocombustibles.

Desde el año 1992, la selva amazónica ha perdido hasta el año 2004 más de 230.000 km2 por actividades humanas. La deforestación y los incendios en el Amazonas son las principales fuentes de emisiones de CO2 en Brasil.

El río Amazonas y todo su entorno juegan, un papel muy importante en nuestro sistema climático y en el ciclo del agua, ya que almacena grandes cantidades de carbono, así como una parte muy importante del agua dulce del mundo. De ahí que Estados Unidos intente continuamente su control, ante un futuro de escasez mundial de agua dulce.

El Amazonas es al mismo tiempo víctima y verdugo, pues contribuye al cambio climático por la deforestación y en consecuencia, sufre también su impacto. Si no se toman medidas YA, nos encontraremos que esta impresionante selva, se vaya convirtiendo en praderas y desiertos sino se toman medidas para detener la deforestación actual.

La tala de árboles tropicales es continua y su finalidad es la exportación (caoba, teca…). Así como otros árboles utilizados en la fabricación de muebles. Este hecho viene acompañada de otras industrias relativas al uso de la madera como materia prima, la industria papelera (aglomerado, cartonaje…), que precisa de una masiva cantidad de árboles para la elaboración de la pasta papelera y que provoca una gran contaminación atmosférica y un excesivo consumo de agua.

Los ganaderos exigen cada vez mayor cantidad de terrenos para apacentar su ganado. Las tierras para el pasto se degradan rápidamente dado el bajo nivel de gradientes que naturalmente posee el suelo amazónico y la sobreexplotación ganadera que se produce en ellos.

Se calcula que sólo el 10% del suelo amazónico es apto para la agricultura. Su bajo nivel de gradientes está en la causa de que la tierra se extinga después de tres o cuatro cosechas consecutivas, así como la carencia de prácticas de cultivo sostenible. El cultivo que se plantea es la producción industrial a gran escala de la soja que después se utiliza para la producción de los biocombustibles.

La zona del Amazonas vive una situación límite, debido a dos circunstancias, por un lado, la sequía que sufre la Amazonía que pone en riesgo la vida de la fauna y flora y de los doscientos mil habitantes que viven de sus recursos naturales. Por otro lado, la deforestación continuada a lo largo de los años. Sirva como ejemplo que en el año 2004 fueron quemadas unos 26.000 km2 de selva amazónica.

Como consecuencia de este proceso de deforestación se está provocando un cambio climático y hace que las lluvias sean cada vez más escasas, provocando largas sequías. En el año 2004, sólo llovió el 40% de la media anual. El descenso del caudal del Amazonas es una media de dos metros.

Muchos afluentes del Amazonas han descendido su caudal de forma alarmante, provocando la muerte de millones de peces, paisajes desérticos y pastos que se han empezado a pudrir, provocando la contaminación de las aguas.

El Amazonas y las presas

Como era de esperar, un río como el Amazonas, debía abrir el apetito de las grandes constructoras y de las multinacionales de la energía eléctrica.

Dentro del Programa de Aceleración del Crecimiento propuesto por el gobierno de Lula Da Silva, ha previsto la construcción de una serie de enormes embalses, con lo que pretende estimular el crecimiento económico del país, mediante la construcción de carreteras y de presas en la Amazonía brasileña. Se prevé la construcción de 60 presas a lo largo de toda la cuenca del Amazonas.

El tamaño de estos embalses, amenaza con dañar y destruir amplias extensiones de la selva. Provocando un gran coste social a los pueblos indígenas.

Los proyectos hidroeléctricos son los responsables de inundar grandes extensiones de selva. La descomposición de la madera de la selva, hace aumentar los gases invernadero de la atmósfera. Esta inundación de las presas produce fuertes procesos de migración en el hombre y la fauna, provocando una gran deforestación.

Los peces que están adaptados a la zona deben ahora readaptarse a las nuevas condiciones acuáticas o perecer. Las presas interrumpen las migraciones de especies que se trasladan río arriba o abajo.

En el río Madeira, uno de los principales afluentes del Amazonas, se están construyendo dos grandes presas: Jirau y San Antonio. Estas están situadas en la región occidental del Amazonas y tiene un coste de 15.000 millones de dólares. Sus obras comenzaron en 2008 y se prevé que la presa de San Antonio comience a funcionar en 2011 y la de Jirau en 2012. Entre las multinacionales europeas que participan esta la francesa GDF Suez y el Banco de Santander.

Estos proyectos, tienen por finalidad represar los principales afluentes del Amazonas, para obtener un gran beneficio privado. Este hecho causa cambios dramáticos en la ecología de los ríos, afectando a miles de personas. Cada presa tiene una capacidad productiva de energía de 6.540 MW.

Un factor importante en el río Madeira, es que, lleva una carga extremadamente importante de sedimentos, transportando millones de toneladas de barro, cañas, arena que proviene de las laderas de los Andes. Los estudios confirman que la presa de Jirau se llenara de sedimentos y que provocará que se desborde hacia la selva boliviana. Al retener estos sedimentos, tras los muros de ambas presas, hará que el río Madeira corriente abajo carezca de los nutrientes que hoy fertilizan las tierras agrícolas que contribuyen a la gran biodiversidad de la zona. Al mismo tiempo, toda esta acumulación de ricos sedimentos, lo que provoca es la putrefacción de las aguas retenidas en la presa.

El gobierno brasileño está intentando construir la presa de Belo Monte, con una capacidad generadora de electricidad de 11.182 MW. Esta, sería la primera de una serie de presas diseñadas en el río Xingu.

También se prevé la construcción de la presa de Sao Luís, en el río Tapajo, con una capacidad de 9.000 MW. Al mismo tiempo, se está diseñando la utilización hidroeléctrica de los afluentes del Amazonas, Araguaia y Trombetas.

Otro factor que tiene un gran coste es la contaminación cada vez más importante que sufre el Amazonas. El envenenamiento por derrames, la contaminación debido a los procesos industriales mineros y de papeleras y las aguas residuales sin tratar, producen una gran contaminación que empieza a afectar a la biodiversidad y al ser humano.

En la década de 1980 se desató la fiebre por el oro en Brasil, con su descubrimiento en Sierra Pelada, que atrajeron a 250.000 mineros. Las prácticas de la industria minera requieren liberar toneladas de mercurio al medio ambiente, causando un daño irreparable a los ríos Amazonas y a su biodiversidad.

Como vemos, el Amazonas es imprescindible para la vida del ser humano en nuestro planeta y debemos luchar para que se acabe de una vez para siempre con la deforestación, las presas y las practicas mineras, volviendo a regenerar y dar esplendor a la cuenca amazónica para que vuelva a hacer la función esencial del mantenimiento del planeta.

Fuente: iguazunoticias.com

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