Fuente: Radio Nederland | Junio 21, 2011 Recomendar esta nota Recomendar
El Ambiente necesita de los economistas

IEC (Cataluña)

El Ambiente necesita de los economistas

El Investigador del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona, Jeroen van den Bergh, ha obtenido el premio de Medio Ambiente 2011.

Se trata de un galardón que concede el Instituto de Estudios Catalanes, una especie de Sociedad Científica de Cataluña. El premio está dotado de 6 mil euros y es un reconocimiento a toda la obra del galardonado. Jeroen van den Bergh tiene una trayectoria de 20 años en el terreno ambiental y desde hace cuatro años labora en Barcelona.

P: Usted se dedica a investigar la interrelación entre la economía y el ambiente.

R: Correcto, la economía ambiental es una materia que ya existe desde los años 70 del siglo pasado. Especialmente en los países escandinavos, Inglaterra, Holanda y Alemania tiene más historia que en Europa del Sur. Hace unos 4 años me mudé a España y si bien cada vez hay más personas dedicadas a esta materia, me considero un pionero. En el instituto en el que trabajo, que se ocupa de temas ambientales, tenemos algunos economistas ambientales en el equipo y a nivel de España somos los más avanzados en este aspecto.

P: Y esa interrelación es necesaria teniendo en cuenta que la mayoría de los activistas ecológicos no tienen mayores conocimientos de economía y por ello a veces no toman las decisiones correctas.

R: Bueno, no quisiera ser tan drástico, pero es un hecho que la causa de los problemas ecológicos se encuentra en todas las actividades económicas, producción-consumo, y las soluciones deben ser buscadas en la misma dirección. Por ello los economistas proponen que las soluciones deben buscarse teniendo en cuenta los mecanismos de precios, de acuerdo a las reglas del mercado de la economía, porque de esa manera se puede dirigir sutilmente las actividades. Los precios brindan mucha información. Para dar un ejemplo: los economistas son partidarios de aplicar impuestos a la emisión de CO2, gas que lleva al recalentamiento del planeta y al cambio climático, simplemente porque con ello, todos los productos de la economía, con sus precios, informan a los productores y consumidores cuánta contaminación se produce indirectamente. Es una manera muy sutil de brindar información a todos los involucrados. En todas las decisiones que se tomen, se tomará conciencia de las implicaciones que ellas tengan para el ambiente.

P: En estos momentos de crisis económica será probablemente más difícil lograr esa meta.

R: Sí, y es interesante que usted lo pregunte. Hay quienes dicen que ésta es una oportunidad pero, yo creo que ahora es difícil avanzar, especialmente porque las soluciones para los problemas ambientales exigen inversiones, por ejemplo en energías renovables y eso no está sucediendo en estos momentos. Hay personas que sostienen que gracias a la crisis se consume menos, y que por ende se reduce las emisiones de gases de efecto invernadero. Eso es cierto, por ejemplo España, antes de la crisis, tenía un importantísimo sector de la construcción. La construcción de viviendas, el empleo de todo tipo de materias primas como cemento y hormigón provocan muchas emisiones de CO2 porque son actividades que consumen mucha energía. Eso se está reduciendo actualmente, pero al mismo tiempo, también disminuyen las inversiones en energías renovables, por lo que el saldo neto en el plazo de 10 a 20 años se torna incierto. También a escala mundial se observa que existe menos ánimo para la aplicación de políticas ambientales estrictas. Toda la temática del cambio climático tiene ahora menos prioridad en la agenda internacional. Los tomadores de decisiones están más abocados a la situación en los países árabes, el terrorismo y por supuesto el mercado del petróleo que está ligado al cambio climático. Los altos precios del petróleo dan a muchos la sensación de que no es necesario adoptar medidas para evitar ese cambio, ya que ese problema se resolverá por sí mismo. Sin embargo, el peligro de esos altos precios del petróleo, y por ende del gas, es que hagamos una transición empleando carbón que es aún mucho más contaminante en términos de CO2, por unidad de energía, que los hidrocarburos. Por el momento, el panorama se presenta bastante negro.


P: Si las reducciones que deben asumir los países y las empresas fueran voluntarias, ¿funcionaría en la práctica?

R: Ese es un tema que me interesa mucho. Muchos dicen que un acuerdo internacional sobre cambio climático no se logrará jamás porque es muy complicado, pero tenemos muchas opciones. Por ejemplo, dejar librado a cada uno que actúe de forma voluntaria, que cada país adopte sus propias medidas. Ahora bien, yo no comparto esa opinión. Pienso que el voluntarismo aporta muy poco, la mayoría de las personas no se preocupa realmente por el ambiente y hasta en los casos en que la gente dice que le da importancia al tema, ello en muchos casos no se ve reflejado en su comportamiento. Y las personas con conciencia ecológica, que generalmente se encuentran en la franja izquierda del espectro político, aquellos que viven tratando de provocar la mínima huella ecológica, ya emiten poco por lo que los cambios en este sector no son significativos. Para el 90 a 95 por ciento de la población se debe adoptar medidas de gestión conducentes a un cambio de su comportamiento. Necesitamos un acuerdo internacional para el cambio climático, porque no se puede esperar que los países adopten unilateralmente medidas estrictas para reducir sus emisiones, porque en el caso de hacerlo, perderían competitividad en los mercados internacionales. Si Holanda o España, países que tienen un fuerte comercio exterior, introducen unilateralmente políticas de reducción de emisiones, se duplicarían o triplicarían los precios energéticos. Sus productos de exportación se tornarían tan caros que sus economías recibirían un enorme impacto. Por eso, este tipo de medidas sólo se puede adoptar si todos los países importantes del mundo participan de igual modo. Especialmente Estados Unidos, pero lamentablemente ya rechazó el Protocolo de Kioto.

P: Y a ello se agrega que la mayoría de los gobiernos piensa a corto plazo sin tomar en cuenta que esas innovaciones serán necesarias a largo plazo.


R: Eso es absolutamente cierto, y es un problema fundamental que no podemos eludir. La gente, por naturaleza, ve a corto plazo. Según los biólogos, eso está condicionado por el hecho de que somos mortales. En caso de ser inmortales le daríamos mayor prioridad a lo que suceda a largo plazo. Y eso se traduce también en la política. Los políticos son personas y además, son electos por 4 o 5 años por lo que a los 3 años ya comienzan a preocuparse por las siguientes elecciones y esos comicios no se ganan tomando medidas impopulares. Por eso nos encontramos en una situación difícil y los problemas ambientales y especialmente de cambio climático a los que nos enfrentamos, son un rompecabezas sumamente complicado y difícil de resolver. Yo he tenido discusiones con personas de todo el espectro político. Gente de izquierda asegura que pasar a una economía con energías renovables es positivo para la mano de obra. Pero, eso no se ajusta a la verdad, porque si a gran escala nos dedicamos a producir energía eólica, de biomasa o solar, ello significaría que vamos a utilizar fuentes energéticas que tienen una menor productividad o intensidad energética que los hidrocarburos. Ésa no es una transición lógica. Si observamos la historia de la humanidad, vemos que pasamos de la leña al carbón, petróleo y gas y a la electricidad. Son transiciones muy lógicas porque son mejoras. Pero la transición a la energía solar, que suena muy bonito en un discurso, no es lógica económicamente, porque sólo es necesaria por motivos ambientales. Ése es el objetivo aunque si nos abasteciéramos en un cien por ciento de energías renovables, una proporción mucho mayor de los habitantes del planeta estaría trabajando en el sector energético. Y eso tendría como consecuencia que el resto de la economía dispondría de menos mano de obra y la productividad de la economía total bajaría notablemente. Por lo tanto, nos encontramos con un problema extremadamente complejo.
 

P: Finalmente profesor Van den Bergh, por lo que usted dice debo concluir que la ciencia tiene aún un largo camino por recorrer y que no existen soluciones sencillas.


R: Eso es muy cierto. Yo pienso que la ciencia tiene que afrontar dos tipos de desafíos. Por un lado, reflexionar sobre los medios que puedan contar con un amplio apoyo político y social. Por ende, la ciencia debe ser creativa y eso significa también que a veces se debe ceder en cuanto a efectividad a favor de la viabilidad política. Eso es difícil para los científicos, especialmente para los economistas, porque les gusta estimular los instrumentos ideales, algo que en la práctica muchas veces es imposible. En segundo lugar, pienso que los científicos deben esmerarse aún más para explicar qué es lo que tenemos que hacer y porqué algunas cosas no funcionan y otras sí. Al fin y al cabo las decisiones políticas correctas sólo pueden ser adoptadas si existe una buena corriente de información desde la ciencia hacia la sociedad y la política. Y eso no siempre ocurre como debiera. Constato que en muchas oportunidades, civiles y políticos responsables de temas ambientales, hacen aseveraciones que no son correctas. Y no cabe duda de que se trata de un tema complejo y por eso se necesita mucha interacción entre expertos y los tomadores de decisiones.

P: Profesor Jeroen van den Bergh, felicitaciones por el galardón recibido, y muchas gracias por esta entrevista con Radio Nederland.


R: Muchas gracias y gracias por la oportunidad de explicar algunas cuestiones.

Fuente: Radio Nederland

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