Fuente: eldia.com.ar | Agosto 29, 2011 Recomendar esta nota Recomendar
La sequía en el sudoeste bonaerense, un caso digno de ayuda internacional

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La sequía en el sudoeste bonaerense, un caso digno de ayuda internacional

Lo han reconocido para la asignación de un fondo millonario de Naciones Unidas para combatir los efectos del cambio climático. Es un sector de la Provincia que ha sufrido un terrible flagelo.

Cinco años de una sequía sin antecedentes que diezmó al ganado, llevó a la ruina a los productores rurales, puso en jaque a la economía regional y produjo un serio deterioro del suelo significaron para el sudoeste bonaerense una durísima lección. Ahora cuando el clima parece darle una tregua, organismos internacionales acaban de reconocer su caso como uno de los primeros de Latinomérica dignos de recibir un fondo de ayuda contra el cambio climático.

Durante el 2º Congreso de Desertificación, desarrollado sobre el final de la semana última en Carmen de Patagones y Tornquist, un representante del Banco Mundial anunció la preaprobación de una donación de más de cuatro millones de dólares para ayudar a la zona a fortalecerse frente a la sequía. Se trata de dinero del Fondo de Adecuación al Cambio Climático, un recurso creado recientemente por Naciones Unidas y que hasta ahora nunca había tenido como destino posible a nuestro país.

Con un cuarto de la superficie de la Provincia, el sudoeste bonaerense no pertenece a la pampa húmeda sino a una patagonia semiárida con limitaciones productivas. Pese a ello "cuarenta años de un régimen de lluvias más alto de lo normal -explican desde la Asociación Argentina de Meteorólogos- hicieron que se corriera la línea de humedad" y muchos productores perdieran de vista la aridez histórica de su región. En ese contexto proliferaron prácticas de laboreo agresivas y desmontes.

Las consecuencias de ello se hicieron visibles durante la última gran sequía, que tuvo su momento más crítico en 2009, cuando la fertilidad de la tierra terminó volándose con el viento en buena parte de la región. Es así que hoy, pese a que ha vuelto a llover, su recuperación productiva se plantea lenta, por no decir incierta. Con su principal capital comprometido y una economía golpeada, el gran desafío que enfrenta el sudoeste no es sólo sobreponerse a la crisis sino, ante todo, aprender de ella.

UNA PRUEBA PILOTO

Además de la gravedad de la sequía y de las "fuertes evidencias de que el cambio climático podría acentuar el problema", fue la determinación de los pobladores para aprender de la experiencia lo que llevó al Banco Mundial a considerar el caso como un posible candidato al Fondo de Adecuación. Y así terminó preaprobándose el viernes pasado una donación de 4.300.000 dólares para el sudoeste bonaerense.

"Si bien falta el visto bueno definitivo, somos optimistas porque el proyecto de adecuación presentado por la secretaría de Medio Ambiente y el Organismo Provincial de Desarrollo Sostenible cumple todos los requisitos", reconoce Marcelo Acerbi, especialista ambiental del Banco Mundial, quien calcula que la donación podría hacerse efectiva a mediados del año entrante.

La idea es que ese dinero permita "fortalecer mecanismos de monitoreo climático para que los productores del sudoeste pueden disponer de mejor información en la que basar sus decisiones". Pero además, "sería utilizado para financiar algunos pequeños proyectos de infraestructura como cortinas forestales, canales de riego y reservorios de aguas entre otras iniciativas que garanticen un mayor margen de maniobra ante las irregularidades del clima", explica Acerbi.

Producto del Protocolo de Kyoto, el Fondo de Adecuación al Cambio Climático -formado con el 2% de la venta mundial de bonos de carbono- podría encontrar además en el sudoeste bonaerense un "beneficio extra", reconoce el representante del Banco Mundial. Y es que "por tratarse de una experiencia sin antecedentes en Argentina, tiene un enorme potencial de replicabilidad. Podría servir de modelo para un montón de otras regiones del país que hoy están sometidas también a procesos de desertificación", dice.

"EVITAR LAS MISMAS MACANAS"

El anuncio del Banco Mundial llegó al sudoeste bonaerense en un momento en que sus productores agrícolas, aunque golpeados, empiezan a repensar su subsistencia en función de una nueva perspectiva climática. Pero además, con una consciencia más clara que nunca de que su tierra -esas seis millones y medio de hectáreas distribuidas en doce partidos- no es como el resto de la Provincia, sino mucho más frágil.

Tal fue al menos el espíritu que primó el jueves y viernes últimos en el 2º Congreso de Desertificación realizado por el Organismo Provincial de Desarrollo Sostenible en Carmen de Patagones y Tornquist. Allí, medio millar de productores, técnicos, ingenieros, dirigentes políticos, funcionarios y estudiantes se reunieron a discutir estrategias para que el clima no los termine expulsando de su tierra.

A diferencia de lo que ocurrió durante el primer congreso, este año los principales expositores no fueron expertos internacionales ni referentes del mundo académico, sino pequeños y medianos productores agrícolas de la propia región. "Decidimos cambiarle el pefil porque buscamos soluciones más concretas al problema de la desertificación y apostamos a que surjan del conocimiento que la gente del lugar", explica Sebastián Presti, el director de Producción y Consumo Sustentable del OPDS.

Además del perfil de los participantes, Presti advierte otra importante diferencia con respecto al congreso 2010. "A lo largo del este año llovió un poquito más. Y si bien es un dato alentador también encierra un riesgo serio; el riesgo de que olvidemos lo que nos pasó y volvamos a cometer las mismas macanas que antes: seguir con el desmonte y la sobreexplotación de la tierra", dice.

EL MODELO ISRAEL

Si alguien parece lejos de olvidar los errores cometidos durante los años de abundancia de lluvias es Guillermo Irastorza, un productor rural de Coronel Dorrego que logró captar la atención de su pares durante el Congreso de Desertificación con un simple dato: "si en Israel se producen 1.500 kilos de trigo por hectárea con 250 milímetros de lluvia, cómo no lo vamos a hacer nosotros con un régimen de entre 350 y 650 milímetros y un suelo mucho mejor", dice.

Para demostrar que es posible, Irastorza se trasladó a una de las zonas más afectadas por la sequía, el sudoeste de Puán, y allí, en un establecimiento llamado San Germán comenzó un experiencia piloto de siembra directa que ya va en camino a su segunda cosecha exitosa. "Al no remover el suelo nos aseguramos que no sufra erosión, pero además como el trigo deja restos en la superficie, la tierra conserva su humedad", explica el productor.

Consciente sin embargo de que la mayoría de los productores de su región hoy no tiene acceso a la tecnología de siembra directa, Irastorza propuso en el Congreso una novedosa alternativa para solucionar el problema. Su propuesta apunta a que "el Estado, ya sea con los fondos del Banco Mundial o el Plan de Desarrollo del Sudoeste, le alquile a los productores sus campos para evitar el desarraigo y mientras tanto les ponga técnicos para enseñarles la práctica de la siembre directa. De esa forma, llueva o no, en pocos años podríamos reconvertir toda la región", asegura.

La de Irastorza no fue sin embargo la única propuesta escuchada durante el Congreso. Como él otros plantearon ampliar las redes de riego, intensificar las cortinas forestales para frenar el viento, resembrar pasturas resistentes para fijar los suelos y hasta repensar el perfil productivo de la región en función de los vaivenes de su clima. Cualquiera sea la propuesta que se imponga, está claro sin embargo que el sudoeste bonaerense va camino a un profundo cambio.

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