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Revolución orgánica
en las cadenas de montaje
Ecología en su máxima
expresión. El coche del futuro se fabrica con materiales
reutilizables y totalmente naturales que, además, provienen
de la agricultura y aportan la misma seguridad
Teresa Ruiz-Tapiador - Madrid - 20/07/2010
Parece ciencia ficción, pero no lo es.
La industria de la automoción da la bienvenida a una nueva
forma de fabricación de componentes. Los materiales de origen
agrícola irrumpen en el sector: se siembran, se riegan, crecen
en el campo, se recolectan y sirven, entre otras cosas, para fabricar
todo tipo de piezas de automóvil. Y eso que llevan entre
nosotros toda la vida. La diferencia es que ahora se saben utilizar.
Al margen de las otras fórmulas para fabricar
coches verdes (considérense los avances en propulsión
eléctrica o híbrida), la UE exige que en 2015 el 95%
de los materiales presentes en un coche sean reciclables. Para alcanzar
esta cifra, es imprescindible comenzar a sustituir espumas, textiles
sintéticos y plásticos, cuyas vidas terminaban, hasta
ahora, en los desguaces. Sin embargo, esta política de materiales
ecológicos ya se utiliza desde hace algunos años en
modelos de alta gama y camiones fabricados por Volvo o la factoría
de Mercedes en Brasil. Ahora en España se ha dado un paso
más.
Recientemente, Fedit (la Federación Española
de Centros Tecnológicos) ha presentado un estudio, salido
del observatorio del sector de fabricantes de equipos y componentes
de automoción -que incluye a todos los actores de la industria-,
donde se pone de manifiesto que estos biomateriales aplicados en
automoción "poseen una excelente capacidad de reciclaje"
y son ideales para cumplir con las exigencias europeas. Por ello,
los centros de I+D se han puesto a trabajar.
El primer paso se ha dado con el desarrollo de
paneles y otras piezas para el interior del coche a partir de fibras
naturales como el lino, el cáñamo o el yute. Esta
novedad, además de reducir el uso de derivados del petróleo,
tiene otras ventajas frente a los tradicionales materiales sintéticos,
ya que proceden de fuentes renovables que no escasean y son baratos;
tienen un peso ligero, son biodegradables, no afectan a los procesos
de fabricación y no producen alergias.
Asimismo, el estudio de Fedit resalta que los
componentes naturales funcionan a la perfección en la automoción
y son excelentes aislantes acústicos y térmicos. El
coste de producción es mucho menor y durante su manipulación
se reducen, notablemente, las emisiones de CO2. Todas estas cualidades
hacen que, precisamente en nuestro país, se esté investigando
sobre su uso para poder trasladarlo al mercado.
Un buen ejemplo de ello está en el centro
de investigación y desarrollo Cetemmsa, situado en Mataró
(Barcelona) y perteneciente a Fedit. Allí se trabaja en estos
momentos en el desarrollo de un tejido idóneo para revestir
los salpicaderos y las puertas de los vehículos. Este componente
se basa en la eliminación de piezas de plástico (como
los mandos o los elevalunas) e integra los múltiples botones
de un coche en una sola pieza de tela. Gracias a esto se consigue
un vehículo más ecológico, realizado con materiales
reutilizables y que prescinde, casi por completo, del plástico.
Las otras posibilidades residen en el empleo de
sustancias de origen vegetal, como las resinas procedentes de la
soja, que se utilizan en la fabricación de pintura para coches.
Igualmente, el almidón es una sustancia ideal en la fabricación
de neumáticos, sin olvidarse de los lubricantes a base de
aceites vegetales.
Gracias a la fibra de coco y el sisal se realizan
rellenos de asientos y tapicerías más ecológicas.
Son resistentes al fuego, impermeables y no desprenden vapores tóxicos
cuando se calientan. Desde hace varios años, la planta de
Mercedes Benz en Brasil fabrica los rellenos de asientos y reposacabezas
de sus camiones con estos materiales, que también son transpirables.
La casa alemana cuenta para ello con el trabajo de pequeños
productores de la ciudad de Belém (Brasil).
Es indudable que, además de ser un beneficio
medioambiental, la incursión de estos materiales en la fabricación
de componentes contribuirá al desarrollo económico
de las regiones agrarias más desfavorecidas de (entre otros
lugares) Latinoamérica y Asia.
Mientras, en nuestro país, el primer prototipo
de auto de Fórmula 3 fabricado con vegetales (zanahoria,
soja, patatas y yute, entre otros), en sustitución de la
fibra de carbono, ya se ha puesto en marcha. El vehículo
está desarrollado por el Instituto Tecnológico del
Plástico (Aimplas) en colaboración con la Universidad
de Warwick (Reino Unido). José Antonio Costa, director gerente
del centro, asegura que estos proyectos "resultan fundamentales
para crear nuevos nichos de mercado respetuosos con el medio ambiente".
Más en tiempos de crisis.
La cifra
95% de los componentes de un coche debe ser reciclable en 2015.
La clave para lograrlo está en los textiles y las espumas.
Del campo directo a la fábrica
Cada año se cosechan en el mundo cerca de 35 millones de
toneladas de fibras naturales extraídas de una amplia gama
de plantas y también de animales. La búsqueda de nuevos
mercados y usos es una buena noticia para el sector agrícola
y ganadero. Además, se da por supuesto que la llegada de
estos materiales a la automoción contentará también
a los grupos ecologistas.
Y eso que el uso de fibras naturales no es una
novedad: a comienzos del siglo XX, en los albores de la automoción,
Henry Ford utilizó pasta de soja para la fabricación
de pomos de la palanca de cambios y gluten de trigo en las carcasas
de las bobinas de sus vehículos.
Enrique Díaz, responsable de composites
de Aimplas (Instituto Tecnológico del Plástico), explica
que las investigaciones en este ámbito se centran en "aprovechar
materias primas provenientes de fuentes renovables, así como
reducir drásticamente el consumo energético necesario
para la fabricación de dichos composites". Por ello,
los avances en los últimos años son prometedores.
Se está investigando con distintas técnicas
que van desde la modificación genética de los cultivos
hasta el tratamiento superficial de las fibras. Todo lo necesario
para adaptar estos cultivos a la fabricación de nuevos materiales
y, por ende, poder trasladarlo al sector de la automoción.
El reto también está en lograr que
los biomateriales pasen todos los controles de validación
(seguridad, vibraciones, estabilidad). El Centro Tecnológico
de la Automoción de Galicia (CTAG) es el epicentro de un
nuevo proyecto europeo encargado de llevar a la vida real, en un
plazo máximo de cuatro años, estos avances.
Fuente: Cinco días
Julio 20, 2010
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