La vivienda bioclimática, un ahorro a largo plazo

La crítica más habitual a la arquitectura que incorpore los parámetros ambientales siempre se refiere al problema del sobrecoste. Diseñar y construir viviendas bioclimáticas, con materiales más respetuosos con el entorno y con sistemas de ahorro energético encarece significativamente -argumentan muchos promotores privados y públicos- el coste de la vivienda. Esta afirmación no considera ni las externalidades, ni el ahorro en las facturas de energía que habrá de pagar el usuario a lo largo de los años, con lo cual se amortizará la inversión.

El pasado día 27 de junio se celebró un seminario organizado por la Dirección General XVII de la Comisión Europea donde se presentaron los proyectos más destacados impulsados por el Thermie B. En la reunión participó el arquitecto español Xavier Millet, de BCN Cambra Lògica, que ha recibido ayudas del proyecto Remma. Según Millet, "la construcción de viviendas con un alto nivel de confort y calidad de vida y una tecnología que utiliza las energías renovables y tiene un menor grado de contaminación ambiental es comercialmente viable ya que su realización tiene un coste que no supera al de la construcción convencional". Las cosas, no obstante, no resultan tan sencillas.
          Para ser viable desde el punto de vista de las políticas de mercado, una arquitectura sostenible debe considerar, según Millet, los siguientes puntos. En primer lugar, los proyectos deben ser realizados por un equipo pluridisciplinar, que reúna arquitectos e ingenieros. En segundo, es fundamental un buen tratamiento del exterior del edificio, esto es, tanto las paredes como las ventanas. En tercer lugar, hay que estudiar a fondo los sistemas de captación de la luz natural, teniendo en cuenta que las necesidades de las diferentes zonas climáticas varían. Así, mientras en el norte de Europa existe una gran preocupación por la captación de la luz natural, en las zonas mediterráneas tiene mayor importancia la climatización de los espacios. Un cuarto aspecto es el diseño de sistemas para el precalentamiento del agua, especialmente mediante placas solares. Finalmente, una arquitectura sostenible debe fomentar los sistemas de control y gestión -la denominada domótica- para optimizar el uso de la energía. "Mediante la aplicación de esta metodología en el proyecto y la construcción hemos logrado un ahorro de casi 15.000 pesetas kw/año en cada una de las 242 viviendas que componen el proyecto Remma en la localidad de Castelldefels". Y añade Millet, "si se hacen los números, estas viviendas subvencionadas por la Comunidad Europea, son del todo competitivas en el mercado. Ello no quiere decir que deban acabar las subvenciones. Su función debe ser de demostración para incentivar este tipo de viviendas".En el seminario, los arquitectos convocados por el programa Thermie coincidieron en varios puntos que frenan el desarrollo de una arquitectura sostenible en Europa, a pesar de los avances conseguidos.
          Así, desde el punto de vista energético, la planificación urbanística en el Viejo Continente es nefasta. No hay estrategias ni conocimiento entre la clase política para abordarla, a pesar de que existe la tecnología para hacerlo. También hay problemas en los hábitos: los usuarios no están acostumbrados a vivir en sistemas de renovación controlada de aire. Finalmente, desde un punto de vista cultural, por lo general, los medios de comunicación valoran ante todo la arquitectura esteticista y apenas reflexionan acerca de cómo vive la gente. En cualquier caso, varias experiencias europeas demuestran que la receta para una arquitectura sostenible es simple: recuperar los valores de la arquitectura tradicional y aprovechar los avances tecnológicos.

Fuente: La Vanguardia
Por Lluís Reales
Mayo 2002