Fuente: Revista "Bienvenido a bordo" | Julio 16, 2001 Recomendar esta nota Recomendar
Península Valdés: Frontera entre dos mundos

Erizos

Península Valdés: Frontera entre dos mundos

Península Valdés, en la provincia de Chubut, es una de las reservas naturales más importantes del mundo. En ella convergen la biodiversidad de los grandes mamíferos marinos -ballenas elefantes y lobos- con un micromundo costero, donde los dramas por la subsistencia también existen. Sólo está disponible para quien ve más allá del paisaje y se acerca mucho, literalmente hablando, al suelo patagónico.

Frontera, donde termina la tierra y nace el océano. En este límite de transición la vida se manifiesta en todo su esplendor. Elegimos Península de Valdés para presentar un mundo en miniatura.

A primera vista todo resulta caótico. La zona que describimos es una playa rocosa, llena de huecos e irregularidades, donde las olas golpean casi continuamente. El flujo del mar deja al descubierto piletas naturales, las llamadas pozas de marea.

Dos veces al día el agua se retira y lo vuelve a cubrir todo, durante la bajamar y la pleamar, respectivamente. Se alternan cada seis horas determinadas por la atracción de la luna y el sol, en unión con el movimiento rotacional de la tierra. Estos movimientos afectan además, la vida de los pobladores de las áreas costeras. Otro elemento que también influye sobre esta zona son las olas.

Los príncipes de las mareas

Las diferencias entre mareas de la Patagonia figuran entre las más notorias del planeta, en cifras que oscilan entre los 6 metros, en península de Valdés, hasta cerca de los 13 metros al sur del puerto San Julián, Santa Cruz.

La Península de Valdés está unida al continente por el istmo Carlos Ameghino y delimita un golfo al norte, el San José, y otro más amplio y abierto al sur, el Nuevo. En este se encuentra Puerto Madryn, y a 98 km, por ruta asfaltada, ya en plena península, levanta Puerto Pirámides.

El pequeño pueblo costero está situado en una amplia bahía, rodeado de acantilados y limitado por dos puntas: Pardelas y Pirámides.

Con la marea alta es imposible disfrutar de la vida en estas costas rocosas; pero cuando baja es el momento justo para realizar una visita. Se deben llevar algunos elementos, simples pero necesarios.

Al turista le puede llegar a interesar mucho estas lagunas formadas gracias a las mareas, ya que por medio de una lupa, una alfombra esterilla, para no rasparse con las rocas; y una mascara de buceo se pueden observar gran parte de los pequeños ecosistemas formados allí. También, como opción, se puede llevar una cámara fotográfica.

Si vemos en detalle una de las piletas naturales dejadas por la bajada del mar, en la parte superior se destacan las colonias apretadas y lacerantes de los mejillines. Estos animales son moluscos que filtran detritos orgánicos al estar cubiertos por el mar.

Al bajar la marea quedan al descubierto y cierran sus valvas para no ser devorados por gaviotas y ostreros.

Más bajo se encuentran los grupos de cirripédios o los llamados dientes de perro, crustáceos muy modificados que deben su nombre a las cortaduras y raspaduras que ocasionan a los buceadores cuando se acercan demasiado a ellos.

Bajamos un poco más, y ya dentro de la poza aparece un bosque en miniatura integrado por algas verdes, rojas, pardas y unas flores cuyos pétalos en movimiento intentan capturar algún pacecillo. Se trata de animales invertebrados muy primitivos, emparentados con medusas y corales, llamados anémonas de mar.

Finalmente llegamos al fondo, allí pastan tranquilos sobre las algas erizos y caracoles, mientras entablan sus luchas territoriales los cangrejos. Estos crustáceos se defienden de sus congéneres y buscan su alimento entre los erizos devoradores de algas. Una verdadera cadena alimenticia donde algas, erizos y cangrejos, forman sus eslabones.


Conservemos el mar

Cuando la marea se retira, entre las rocas quedan atrapados pequeños fragmentos del océano.

Las pozas de marea ofrecen una muestra de la vida marina que se encuentra a niveles más profundos, sólo accesible a través del buceo con tanques de aire comprimido. Los residentes de la zona tienen que ser capaces de resistir las bajas temperaturas invernales, el intenso sol de verano y la escasez de oxígeno. Pero la fuerte acción de las olas renueva los gases vitales y trae nutrientes y plancton hasta los organismos fijos en las rocas. También los desechos naturales son barridos por las mareas que se retiran y las aguas se renuevan.

Pero la acción del hombre cambia este frágil equilibrio con el derrame de tóxicos y desperdicios que contaminan el mar.

En los últimos tiempos se ha agregado una nueva fuente de contaminación, casi tan catastrófica para estos pequeños mundos como la física y la química.

Se trata del agua que cargan los buques para asegurar su estabilidad trasladándola de un extrema al otro del mundo. Esta agua posee organismos microscópicos; como esporas, algas y bacterias. Al arribar a nuestros puertos la vierten sin filtrarla ni tratarla. Así cientos de especies animales y vegetales invaden el ambiente y generan una contaminación biológica, que compite con las especies autóctonas.

En Puerto Madryn, por ejemplo, una de estas plantas celulares originarias de Japón ("undaria Pinnatifida") que ha invadido el golfo, provoca la desaparición de parte de la fauna y flora autóctonas y modifica los ecosistemas locales.

Los primeros ejemplares fueron detectados en 1993 y se especula que llegaron en el agua del lastre de los mercaderes coreanos o japoneses. Una actividad tan placentera y generadora de divisas como el buceo, también se ha visto perjudicada enormemente.

Según los investigadores las condiciones que se manifiestan en las orillas rocosas han sido, en tiempos lejanos, las adecuadas para favorecer el desarrollo de las primeras formas de vida en el planeta. Es de esperar que nuestra falta de responsabilidad ambiental las convierta en desiertos.

Fuente: Revista "Bienvenido a bordo" / Julio 2001 

imagenes relacionadas ver +

Erizos

Erizos