Feedlot: llega el momento de pensar en la gestión ambiental

La profundidad de la napa freática, el régimen de lluvias, la temperatura ambiente, la distancia a los centros urbanos son variables que deberán ser consideradas para decidir dónde permitir su instalación.

Si usted es un potencial inversor en negocios agropecuarios, y alguien le propone invertir en la construcción de un feedlot en una zona donde llueven más de 1.200 mm al año, está a menos de 5.000 metros de un área urbana, a menos de 1.000 de una ruta y la napa freática se encuentra a menos de un metro de profundidad, desconfíe. No sólo perderá dinero en lo productivo sino que además este feedlot no tendrá viabilidad ambiental, ya que no cumple con las exigencias mínimas que se piden en otros países.

El técnico del INTA Anguil, Aníbal Pordomingo, acaba de publicar un libro titulado Gestión ambiental en el feedlot. Guía de Buenas Prácticas, en el cual hace un repaso de las exigencias en países con historia feedlotera como ser Australia y los Estados Unidos, para habilitar este tipo de producciones, en función del impacto ambiental.

Dicho impacto está dado por la concentración de animales en espacios relativamente reducidos. Para el diseño de un feedlot se calculan entre 15 y 20 metros cuadrados de corral por cada animal a encerrar. Quiere decir que 5.000 cabezas, que en una invernada requerirían de 2.000 a 2.500 hectáreas de pasturas y verdeos, en un feedlot caben en 7,5 a 10 hectáreas. La concentración de heces en un área tan reducida tiene un impacto en el ambiente, básicamente por posible contaminación de las napas, los cursos de agua y la presencia de olores desagradables para las personas.

En su obra, que contiene muchas de las recomendaciones del U. de Agricultura del Estado de Nueva Gales del Sur y de la Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU., Pordomingo repasa las principales características del sitio donde se instala un feedlot, en función de su impacto ambiental, a saber:

1) Napa freática: La bibliografía internacional recomienda que esté, como mínimo, a un metro de profundidad. Si la textura del suelo es gruesa, entonces debería ser aún mayor. Por el contrario, si existe un horizonte subsuperficial muy compactado (B textural), podría ser menor.

2) Proximidad a cursos de agua: La distancia mínima puede ser muy variable, en función de las precipitaciones del lugar, la pendiente, etcétera, pero se asume que entre un feedlot y una cañada o curso de agua deben mediar no menos de 1.000 metros, aunque lo ideal es que sean 5.000, en el caso de establecimientos con capacidad instalada para engordar más de 5.000 animales al mismo tiempo.

3) Pendientes: las ideales son las que se ubican entre 1 y 4 por ciento (1 metro de declive cada 100 metros de largo), porque permiten el escurrimiento natural de los desechos hacia las lagunas para tratamiento de efluentes.

4) Otros factores, relativos al sitio de instalación del feedlot, son las precipitaciones (lo mejor es que sean menores a 600 mm/año), temperaturas (ideal templadas) y la baja probabilidad de anegamientos.

El gran tema ambiental de estos establecimientos ganaderos es el tratamiento de los efluentes. Pordomingo propone un sistema donde los mismos son conducidos a una pileta de decantación, de donde pasan a lagunas aeróbicas de sedimentación y evaporación, en primer término, luego a una anaeróbica de almacenamiento. De esta última se obtienen dos productos: un líquido enriquecido con nutrientes, a utilizar en riego, y el estiércol, que se acumula y se aplica como fertilizante orgánico en los cultivos.

Un dato interesante es cuánto estiércol produce un feedlot. Utilizando datos de Australia, el técnico del INTA señala que un feedlot que mantenga 800 animales en engorde durante 320 días al año, con un peso promedio de 320 kg, genera 852 toneladas de estiércol (base materia seca) por año.

El contenido de nitrógeno del estiércol se ubica en un rango que va del 1 a 3 por ciento, en tanto que el fósforo lo hace entre 0,4 y 1,3 por ciento. Los desechos también son ricos en potasio, con contenidos en el rango de 1,5 a 4 por ciento. “Por regla general, se sugiere disponer de una hectárea a fertilizar por cada 20 a 25 animales en el feedlot”, escribe Pordomingo. “Aplicaciones de 8.000 a 15.000 kg de estiércol (en base seca) proveen suficiente nitrógeno para la mayoría de los cultivos en secano y retrasa o evita la salinización. Aplicaciones de 22.000 kg/ha, con 35 a 50 por ciento de humedad, proveen la base nutricional para el maíz, el sorgo o el trigo bajo riego”, explica.

Casi una normativa

El libro concluye sentando las bases para la implementación de una normativa pública para la habilitación de los feedlots. La propuesta de Pordomingo se basa en una grilla de condiciones que deben cumplir los establecimientos, según su capacidad de engorde instantánea sea inferior a 1.000, entre 1.001 y 5.000 y más de 5000 animales.

Por ejemplo, en lo que hace a manejo del estiércol, al momento de presentar su habilitación los de la primera categoría sólo deberán indicar qué sistema de recolección y apilado utilizan; los segundos (1.001 a 2000), además de ese requisito, deberían acompañar la solicitud con una descripción topográfica y edafológica del terreno y el uso final que tendrán los desechos, en tanto que los engordes con capacidad para más de 5.000 animales deben agregar información sobre la ubicación de las “trincheras” de estiércol, cálculo de volúmenes producidos y detalle sobre el uso de los mismos. Algo similar sucede con otros ítem como el manejo de los efluentes líquidos y su utilización.

Pordomingo propone también un control diferencial según el tamaño de la explotación y la presentación de informes de mayor complejidad, en función también de la cantidad de animales en engorde.

Javier Preciado Patiño
jpreciado@infobae.com

Fuente: Infobae
Enero 2, 2004