El ‘sello verde’ reactiva la producción forestal

Sello verde

El ‘sello verde’ reactiva la producción forestal

Bolivia es líder en certificación de bosques tropicales. Las empresas de manufacturas se abren mercado y suman mayor valor agregado. Los pequeños productores pueden acceder a financiamiento para certificar.

Los muebles, puertas, marcos y artesanías de madera boliviana tienen la llave para abrir todos los mercados. Es el 'sello verde' que da la certificación forestal voluntaria y que ha colocado a Bolivia como líder mundial entre los países con bosques tropicales certificados. 1,9 millones de hectáreas están en esta categoría y la meta es superar los dos millones en el corto plazo.

El país hoy es ejemplo de manejo sostenible y el premio no es sólo el reconocimiento mundial. 15 empresas y una comunidad originaria -los Yuquis de Cochabamba- han habilitado sus áreas de concesión, mientras 24 industrias de manufacturas forestales han visto subir sus ventas e ingresos. La oferta boliviana supera las 50 variedades de madera y ha salido del circuito clásico de mara, cedro y roble.

Europa dio la alerta a fines de la década pasada. El público quería muebles y piezas de madera, pero sin afectar el bosque. Y aunque hoy ninguna nación consume exclusivamente madera certificada, gobiernos como el de Dinamarca la han impuesto en sus adquisiciones.

La Chonta lo veía venir. Logró certificar su primera concesión en 1998 y el 2000 a Planet La Chonta Invesment Ltda., la división que produce puertas, pisos y muebles. El gerente de la empresa, Fernando Antelo, destaca que esto ha permitido ingresar a nuevos mercados y aprovechar mayor cantidad de especies maderables.

La inversión financiera no fue lo más importante, sino el cambio de concepto en el manejo de la cadena. Hoy exportan el 95% de su producción y Antelo afirma que el efecto del ‘sello verde’ es claro: fue la diferencia entre vender o no.

Sus concesiones están divididas en 30 'cuarteles', los que se explotarán uno por año y el objetivo es volver cuando los árboles estén listos para una nueva tala. "La gente cree que el maderero destruye el bosque. Eso es falso. Su cuidado es nuestra obligación porque el bosque es nuestro medio de vida", añade.

La Industria Maderera Martínez (Indusmar S.R.L.) también muestra buenos resultados. En 2004, Estados Unidos demandó el 50% de los productos con madera certificada, este año llegó al 70%. "Definitivamente este año será mejor. Tenemos un pedido de 1,8 millones de dólares de un solo cliente", afirma el gerente Guillermo Amonzabel.

El sector apuesta a que la tendencia se mantendrá, especialmente por la demanda asiática. Y la creación de un fondo es el nuevo aliciente para que Bolivia mantenga el sitial de honor en el mundo forestal.

Sin embargo, los productores advierten que tendrán que lidiar contra la inestabilidad económica, social y jurídica. Esto afectó el inicio de nuevas inversiones con las que se pretendía aumentar la oferta exportable y llegar a nuevos mercados.

Las condiciones

La certificación de un área de concesión exige demostrar un manejo sostenible del bosque, registros ante los organismos oficiales y una verificación anual.

En el aspecto social, los empleados deben tener campamentos y alimentación adecuados, además de espacios recreativos. Y en lo económico, estar al día en el pago de patentes.

No se certifica una zona en conflicto de saneamiento, lo cual ha paralizado varios trámites que se estaban realizando. También es necesaria una buena relación con las comunidades vecinas.

En el caso de la cadena de custodia -que se inicia en el aserradero y termina en la comercialización- también hay determinadas exigencias que se deben cumplir.


Crean un fondo para la certificación

250.000 dólares son el punto de partida del Fondo para la Certificación Forestal Voluntaria (Focerbo) que ya está funcionando. El objetivo es promover este proceso en las empresas unipersonales, sociedades, asociaciones sociales del lugar (ASL) y tierras comunitarias de origen (TCO), tanto en el manejo de bosque como en la cadena de custodia.

Los recursos fueron entregados a fondo perdido por la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional (ASDI) y el programa se desarrollará durante 5 años. "Las industrias exportadoras fueron las que buscaron la certificación hasta ahora. Es el momento de que otros actores se sumen" y sólo se necesita que la empresa esté legalmente constituida, registrada en la Superintendencia Forestal y funcionando, dijo el gerente de la Cámara Forestal de Bolivia (CFB), Arturo Bowles.

El proceso puede demandar entre 10.000 y 25.000 dólares. Focerpo apoyará con un máximo de 2.000 dólares para el 'scoping' -el estudio previo-; 10.000 en la evaluación final; y 2.000 para la certificación de la cadena de custodia.

La empresa maderera debe comprometerse a mantener la certificación por lo menos durante cinco años. De lo contrario, está obligada a devolver el financiamiento al que tuvo acceso con un cargo de interés del 5 por ciento anual.

Opinión

Henry Moreno
Director ejecutivo del Consejo Boliviano para la Certificación Forestal Voluntaria

‘Hay que incorporar a los pequeños’

Bolivia es uno de los primeros países donde se hicieron esfuerzos institucionales para promover la conservación de los bosques tropicales a través de la certificación. Hoy existen 1.902.953 hectáreas de superficie certificada que sitúan al país en el primer lugar del mundo en cuanto a la extensión de bosques naturales tropicales certificados. Incluso está a punto de establecer un nuevo hito cuando supere los dos millones de hectáreas.

Hay pocas áreas donde Bolivia ha podido lograr el reconocimiento internacional. La certificación forestal voluntaria es una de ellas y hoy el país está bien posicionado gracias a que se dan pasos serios hacia el manejo forestal sostenible y conservación de los bosques tropicales.

Uno de los principales desafíos es la incorporación de pequeños y medianos productores a la certificación, sean estos propietarios, indígenas o campesinos. El área certificada representa el 20% del total bajo manejo forestal, pero hay factores que limitan el acceso, donde se encuentran los productos forestales no maderables, como la castaña, que son una fuente vital de ingresos para la mayoría de la población rural de la Amazonia.

Fuente: Los Tiempos
Agosto de 2005

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